La discusión de la despenalización del aborto en Coahuila, que realiza la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha revivido el fuego entre los pro-vida y los pro-aborto, sin embargo, debemos entender que no se discute legalizar el aborto como tal, sino el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y su vida reproductiva.
Que se despenalice el aborto, no significa que las mujeres podamos acudir al médico y pedir que nos interrumpan el embarazo solo porque sí, lo que en realidad ocurrirá es que las mujeres no seremos revictimizadas por médicos, ministerios públicos, jueces o cualquier autoridad, cuando nuestro embarazo deba ser interrumpido por cualquier razón, muchas veces ni siquiera provocado por la propia víctima.
Hay que recordar que las mujeres, histórica y progresivamente, hemos sido obligadas a casarnos, tener relaciones sexuales en contra de nuestra voluntad, dentro y fuera del matrimonio, ser madres, entre otras muchas cosas. Son menos las que han podido decidir sobre sus cuerpos y su reproducción sexual.
Después de ser sometidas a la violencia, en todas sus formas y llegar a la necesidad de interrumpir su embarazo, en la mayoría de los casos no deseados y producto de esa violencia, deben enfrentar a los médicos que rechazan practicar el aborto y que a su vez denuncian a las autoridades el acto; para después enfrentar a los ministerios públicos que la someterán a interrogatorios y revictimización, aunado a que éstos tendrán en sus manos la decisión de iniciar un procedimiento legal en su contra.
Para explicarlo mejor, pensemos en una mujer que sufrió una agresión sexual, la cual no denunció por ser amenazada por su agresor, descubre que quedó embarazada y se lo informa a quien la abusó, éste la golpea tan fuerte que perdió el producto y fue a dar a un hospital, el médico la cuestiona y considera que está mintiendo asumiendo que ella se ocasionó el aborto, informa al ministerio público, que, a su vez, vuelve a interrogar a la mujer sobre lo ocurrido y considera que está mintiendo sobre la agresión sexual y el aborto.
En un caso así, la despenalización del aborto evitaría la revictimización de esta mujer, evitaría que sea enviada a la cárcel por algo que ni siquiera fue su decisión desde el primer momento, evitaría el que reviva ese momento horrible en el que fue víctima de una violación.
Aunque me gustaría decir que esto no ocurre, lamentablemente es el común de los casos de los abortos que llegan a ser denunciados ante las autoridades.
Ojalá entendiéramos que la despenalización del aborto no es un permiso para interrumpir el embarazo, sino la garantía para que las mujeres puedan ejercer el derecho a decidir sobre sus cuerpos.






