Ante la batalla por Coahuila en el 23, el gobernador Miguel Riquelme buscará que gane su partido político y al mismo tiempo, generar la inercia de cambio que necesita el PRI, para sobrevivir y no perder el registro. En el 23 sólo hay elecciones en el Estado de México y en Coahuila.

En ese escenario, el PRI solo puede dar la batalla en Coahuila, en el Estado de México ya desde ahora ganó Morena.

Y en las aguas turbias de las negociaciones y las traiciones de la dirigencia nacional, Riquelme sabe que puede recibir presiones de su propio partido político.

Presiones para dejar que Morena, como sucedió en Sinaloa, gane la gubernatura de Coahuila, bajo las amenazas de fiscalizar cuentas del pasado, como la megadeuda y las empresas fantasmas, de los exgobernantes Humberto y Rubén Moreira.

Las negociaciones sobre la reforma eléctrica, son apenas el inicio de las guerras por venir. Por ello, ya desde ahora, Riquelme muestra su carta fuerte, el mejor candidato con el que quiere mantener Coahuila; Manolo Jiménez.

Se acabaron los tiempos de Fidel Velásquez de que el que se mueve no sale en la foto. Por el contrario, ahora, la política moderna de la sobrevivencia pide cartas abiertas.

Sin saber quién será el candidato a gobernador por Morena y la estrategia que usará el presidente López Obrador para arrebatarle al PRI, Coahuila, Riquelme ya busca la unidad en torno a Manolo.

Sabe que sus niveles de aceptación están altos y sus resultados electorales lo avalan y no se duerme en sus laureles.

Sabe que de ganar Coahuila y vencer al presidente López Obrador y las negociaciones de la dirigencia nacional de su partido político, puede encabezar el movimiento de renovación que saque a su partido político de terapia intensiva.

Entrando a su cuarto año de gobierno, Riquelme se atrinchera en su estado y busca la unidad entre todos los grupos políticos y ya “se ve y se siente”.