Quiero platicarles acerca de una película danesa que explora la hipótesis de que, el cuerpo, así como necesita de calorías, proteínas, minerales, entre otros elementos que fortalecen su capacidad inmunológica, también necesita de un cinco por ciento de alcohol en la sangre, para potencializar sus virtudes.
Son cuatro amigos, cada uno de ellos, con fracasos notables en sus oficios. Uno es maestro y a sus alumnos de secundaria les cae mal y se quejan, porque su forma de enseñar es aburrida y torpe.
Otro es maestro de música y los integrantes del coro cantan mal, sin euforia y nula pasión. Otro es entrenador de futbol y sus niños siempre pierden. Y el otro es psicólogo de poco reconocimiento y sostenido en lo económico, por su esposa.
Durante una cena, es el psicólogo quien repasa el fracaso de sus tres amigos y el suyo, y les sugiere comprobar la hipótesis de un colega que asegura que el cuerpo humano necesita un cinco por ciento en la sangre, para desarrollarse a plenitud integral.
Compran medidores de alcohol en la sangre y cada uno se lleva su pequeña botella de licor a su oficio.
Y sí, el maestro se convierte en el ídolo de sus alumnos que ahora hasta los hace reír. Los integrantes del coro se sorprenden de sus alcances, el entrenador ve ganar a sus niños y el psicólogo escribe los resultados maravillosos.
Todo va bien, hasta que deciden, los cuatro, elevar del cinco al diez por ciento de alcohol en la sangre y ahí la cosa se pone mal.
Lejos de lograr esa plenitud en sus oficios, caen en lo absurdo de la embriaguez y sus consecuencias. Caídas, vómitos y las exageraciones sentimentales de una borrachera.
La película establece los límites en la bebida, como forma de establecer los equilibrios en la convivencia y en el trabajo. El desequilibrio siempre trae malas consecuencias, laborales y hasta familiares.
Finalmente, la última escena establece la reflexión de los cuatro amigos sobre la no dependencia al alcohol, ni siquiera al cinco por ciento.
Contraste con los jóvenes que, como ellos, experimentaron en esa época, la exageración con fines de convivencia, pero que a la larga, marcan las consecuencias de tomar alcohol como parte de la socialización o exagerar como forma segura de mandar la vida al profundo pozo del fracaso por el alcoholismo.






