Algunos tuvieron la brillante idea de volver a darle voz pública y hoy se arrepienten al escuchar las tonterías del alto vacío de Vicente Fox.
Al estilo Hitler -antisemita-, llamó a Claudia Sheinbaum “judía búlgara”, a Ebrard “fifí francés”, a Noroña “extraterrestre”, de Adán Augusto dijo que era originario de Transilvania (por el parecido al abuelo de los “Monsters”) y se refirió a Xóchitl como la única mexicana. Le faltó clasificar a Ricardo Monreal, al tonto y desatinado Fox.
De seguro los panistas y priistas están arrepentidos del regreso del expresidente, cuyo único recuerdo que hay es de haber sido el gran mandilón del sexenio que gobernó su esposa Martha Sahagún; de logros, cero, de tonterías y ocurrencias, todas.
Con su clasificación absurda solo logró darles publicidad a los morenistas, igual que en cada mañanera lo hace el presidente López Obrador, ofendiendo a Xóchitl Gálvez y llamándola ahora “señora X”, antes “candidata de la mafia del poder”.
En un país inmerso en la inseguridad y los desplantes presidenciales de que no pasa nada y que, en cambio, promueve los abrazos y no balazos, resulta alarmante que se privilegie la descalificación absurda y no las propuestas serias de políticas públicas responsables.
Quizá en estados como Nuevo León, donde llegó a la gubernatura un joven sin preparación, pueden tener efecto las formas de Fox y de AMLO.
Quizá las redes sociales y sus estímulos, muchos, sin contenido, privilegien sobre la razón y los verdaderos problemas, pero en Coahuila no. Y si no cree, vea el resultado de la última elección, donde perdió lo mediático y el juego a no proponer nada y ganó, por mucho, la propuesta sería de trabajo, sin calificativos vulgares y tontos.






