Nunca antes en la historia de la política de Coahuila se había visto que un gobernador invite al gobernador electo para, juntos, presidir reuniones de trabajo en áreas relevantes como la salud y la seguridad pública.
De las últimas décadas, De las Fuentes no la llevaba bien con Elíseo, Elíseo menos con Montemayor, Montemayor aún menos con Enrique Martínez, y este último ni pensarlo con Humberto Moreira, y el profe, aunque hermano de Rubén, nunca lo invitó a compartir escenario, y Rubén tampoco a Riquelme.
De las transiciones sin problema sólo se ubica, en aquel corto tiempo, la de Humberto con Rubén y, plena sin contratiempos, la de Rubén con Miguel Riquelme.
Hoy el mensaje de unidad lo dan Riquelme y Manolo Jiménez.
Unidad como factor de una transición tersa y útil; la utilidad, finalmente, en un proceso entrega recepción sin contratiempos, en aras de la continuidad en materia de salud y de seguridad pública, ambas de prioridad.
La iniciativa de Miguel Riquelme favorece en el sentido de la planeación del trabajo al gobernador electo, Manolo Jiménez, ambos del PRI.
Hablamos de responsabilidad y de altura política, lo que se vio desde el subcomité técnico de salud en Torreón.
Y así será también en el tema de la seguridad pública, las finanzas, la educación, las inversiones y la generación de empleos, entre otros aspectos de la política pública.
Así debería ser, pero no lo es en la transición de las administraciones municipales y en otros relevos de la función pública.
Hoy Riquelme y Manolo dieron ejemplo de civilidad política a las futuras generaciones.






