“A la mitad del camino”, es el título del libro que presentará nuestro presidente López Obrador. Al escuchar el anuncio, lo primero que me pregunté; ¿Y a qué hora jalas?
Me darán la razón los escritores como Pérez Reverte, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, entre otros, que para escribir un libro se necesita aplicar la razón y los sentidos durante muchas horas. De día, de noche y de madrugada.
¿Y a qué hora lo escribió?, porque un hombre, siendo el presidente más votado de la historia –30 millones de votos– enfrenta –antes que escribir un libro y dedicarle tiempo– retos más importantes, tales como la pandemia del covid, la cual ya mató a casi 500 mil ciudadanos; la pobreza, la cual aumentó en cinco millones en dos años; la inseguridad agobiante; el aumento de precio a los productos básicos a los servicios y más… y más cosas que son apremiantes, como para ponerse a perder el tiempo y escribir un libro.
Se la compro si lo escribe ya que termine –Dios quiera pronto– su cargo, pero no ahorita.
A bueno, sí… sí entiendo que no está ocupado en solucionar los problemas graves –a los que se comprometió al tomar posesión– y sus horas se gastan en dos de sus prioridades: la mañanera y su afán de reelección.
“La mañanera”, donde todos los días habla del antes y el ahora y… bla-bla-bla.
“La mañanera”, pieza principalmente conformada por seudo-periodistas de redes sociales y periódicos patito que le preguntan a modo para que se luzca acribillando a sus enemigos políticos.
Y otra vez mi pregunta: ¿Y a qué hora jala como todos nosotros?
O de plano nuestro presidente López Obrador “es un ser de otro mundo, un animal de galaxia…”, cantaría Silvio Rodríguez en la “Canción del Elegido”.
No sé, pero ese libro revela, más que la mitad del camino, la pérdida de horas de trabajo en un país envuelto en la impunidad, la cual, dijo combatiría, y no se ve por ningún lado; lo mismo con la pobreza, la inseguridad, los aumentos de precio de todo, y en la grave pandemia del covid que nos tiene de rodillas y nos agarró enfermos de obesidad, tabaquismo, diabetes y otras enfermedades que nos hemos provocado.
Por cierto, hay otra enfermedad que está en Los Pinos y se llama soberbia.





