Entre otros estados gobernados por Morena, Sinaloa es el peor, está que revienta por la creciente inseguridad, producto del pleito entre Los Mayos y Los Chapitos.
En el primer trimestre del año, la información oficial de la Fiscalía de ese estado reporta la muerte de 402 personas ligadas al narcotráfico.
Se trata de un 242 por ciento más que las muertes registradas en los primeros tres meses del año pasado.
Los ciudadanos de Sinaloa están encapsulados, acorralados por la inoperancia y la debilidad del gobernador morenista, Rubén Rocha.
¿Cómo es posible que siga en el cargo, rebasado por la delincuencia?
Sigue en el cargo protegido por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y su influyente grupo político que lo sostiene, a pesar del daño que provoca a los sinaloenses.
Por supuesto que Rubén Rocha molesta y representa un agravio para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum por la información que tienen y sustentan con reportes estadounidenses sobre políticos que protegen al narco.
En el terreno político, Morena insiste en evitar el efecto dominó.
Si una pieza cae, Rubén Rocha, caerían muchas otras en estados violentos como Zacatecas, Michoacán, Guerrero, Tabasco o Tamaulipas.
Y mientras eso sucede, en Sinaloa sus habitantes viven bajo la amenaza de muerte y un estado fallido y cómplice de los delincuentes.






