“Si hubiera una nueva vacuna que prevenga 1 millón o más de muertes infantiles por año, y que además fuera barata, segura, administrada por vía oral, y que no necesitase una cadena de frío, sería una política imperativa de la salud pública. La lactancia materna puede hacer esto y más”. 

Cuando me convertí en madre, había leído sobre la lactancia materna con meses de anticipación, sin embargo ese día me encontraba en aquel cuarto de hospital pidiendo ayuda a una enfermera para asegurarme de estarlo haciendo correctamente; sin voltear a verme, la mujer me aventó un folleto y salió del cuarto. Minutos después entró de nuevo para informarme que mi bebé podría dormir conmigo si estaba «segura» de poder alimentarlo, porque si algo «salía mal» podía tener hipoglucemia y sería mi culpa. Vi rodar mi empoderamiento por el piso del hospital cuando por miedo pedí que lo llevaran a los cuneros y le dieran fórmula. 

Esa misma noche decidí que nada me haría desistir; casi han pasado 24 meses de ese día y aún hoy, nada me ha hecho cambiar el rumbo de esta lactancia. 

Del 1 al 7 de agosto se celebra la «Semana Mundial de la Lactancia Materna» mediante la cual la Organización Mundial de la Salud pretende informar, anclar el apoyo como una responsabilidad vital de salud pública e impulsar la acción en la protección de la lactancia para mejorar la salud pública. 

Justo estos puntos son las mayores barreras para miles de mujeres. En México sólo el 31 por ciento de las madres logran una lactancia exitosa. Esto debido a la desinformación, la exposición a mercadotecnia de fórmulas y los obstáculos que representa la lactancia en la vida diaria.

Ojalá que los millones de pesos que se gastan en mercadotecnia para convencer a las madres de que su leche no es buena ni suficiente, se utilizaran para empoderar y para informar a las futuras madres. Porque la forma más sencilla de vender un producto que tú misma produces y mil veces de mejor calidad, es vendiéndote la idea de que por alguna razón no es buena, ni segura, ni suficiente. 

Ojalá una cantidad por lo menos similar a la que se invierte en padecimientos derivados del sobrepeso y la obesidad se utilice en crear lactarios dignos para mujeres y sus hijos, porque encima de todos los beneficios que tiene la lactancia, podemos sumar la reducción de riesgo de obesidad infantil en un 13 por ciento; que nos vendría bien siendo uno de los países con mayor obesidad infantil. 

Ojalá que la atención que se presta en consultas y elecciones, se centre en crear leyes que garanticen a las futuras madres que elegir la lactancia materna no será sinónimo de ser despedidas en sus trabajos por no ser «costeable» dar esa hora de lactancia o por tener que ofrecer un espacio digno para la lactancia (y no «adecuar» esa bodega polvosa y recóndita como lactario para «cumplir»).

La neta todos queremos niños física y emocionalmente sanos, pero pocos quieren trabajar desde abajo para construir generaciones con esas características. La neta por cada mujer que busca dar pecho; hay instituciones, gobiernos, industrias de alimentos, trabajos de mercadotecnia, generaciones de desinformación… Dándoles la espalda.

 

Opinión | Pepe Mena | No es lo “mesmo”