Ha pasado una semana de la entrega de los Óscar y el tema sigue en boca de todos por las razones equivocadas. Esta columna no se trata de chismes ni de sucesos de la farándula y trata de edificar una crítica honesta sobre las películas que llegan semana a semana al cine o a las plataformas, con la única finalidad de ayudar a los lectores a conocer un poco más sobre el análisis cinematográfico y apreciación del séptimo arte.

La columna la escribo desde el punto de vista que tengo como comunicólogo, estudiante de cine y letras y especialista en arte moderno, pero sobre todo como cinéfilo que encuentra en las películas un escape a lo ordinario y una pieza artística que puede entretener, sorprender, convocar, reclamar, retratar y manifestar cientos de inquietudes y deseos que tenemos como seres humanos.

El cine me ha educado y regalado horas de reflexión, pero también muchos momentos de risas y llantos que me han ayudado a crecer y convencerme de que es necesario entregar historias que conecten con los espectadores, respetando la inteligencia de las audiencias y cuidando los detalles de encuadres, producción, audio y fotografía que complementan el cuadro.

Como crecí en los noventas, mi infancia estuvo marcada por algunas cintas de ciencia ficción y largometrajes animados, pasando por películas clásicas y dándome un clavado con directores de nicho, todo ello para terminar de convencerme de que ver una película es uno de los momentos que más disfruto.

Evidentemente no todas las producciones son buenas, y comenzar a distinguir entre buenas y malas cintas (que al final puede resultar un ejercicio subjetivo) me llevó a querer estudiar la forma y el fondo del celuloide, pero hasta las malas cintas pueden ser desmenuzadas y, la mayoría de las veces, existen elementos de similitud entre todo el universo cinematográfico, sin importar el país de origen de las películas.

La magia de sentarse frente a una pantalla y ver una historia que llena cada recuadro con imágenes sorprendentes es una de las experiencias más sublimes que podemos tener los cinéfilos, aunque se trate de una producción en un idioma que jamás hemos escuchado o nos cuente anécdotas que son totalmente ajenas a nuestra realidad, pero de algún modo conecta con nuestra sensibilidad.

Ver que existen premios que aplauden el trabajo de aquellos, actores, actrices, directores, productores, músicos, editores y todos aquellos quienes se encuentran involucrados dentro de una película genera un sentimiento de empatía por el esfuerzo hecho y por el sentimiento emitido, haciendo un poco nuestra la victoria de las historias que son galardonadas.

La Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes, el Oso de Oro del Festival de Berlín, los Goya de España, los BAFTA de Inglaterra y los Óscar son algunos de las decenas de premios que tratan de resaltar el trabajo que se hace dentro del cine, tratar de decir cuál es más importante es inútil, pero si podemos saber exactamente cuál es el más popular: los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Decir que son los más populares no necesariamente nos señala que son el que mejor califica a sus nominados, solo se traduce en la hegemonía que el cine estadounidense ha tratado de implementar por años en una industria global, lo cual no demerita completamente su importancia, pero sí logra polarizar las decisiones que obedecen a necesidades comerciales y no a el valor real del celuloide.

No es ningún secreto que, por ejemplo, los Óscar premian a Pixar por sus cintas animadas e ignoran una cantidad enorme de películas de este tipo solo por no ser conocidas, además de que los miembros de la Academia muchas veces votan sin conocer todas las cintas, pero eso es tema para otra ocasión. El punto es que, con el crecimiento de la industria en otras partes del mundo, el premio estadounidense se ha desdibujado poco a poco y ha buscado desesperadamente entrar de nuevo en el gusto del público. 

 ¿Cómo lograr captar la atención? ¿Cómo generar interés de nueva cuenta en el mundo cuando los festivales alrededor del mundo han sabido generar públicos cautivos? Podrían buscar la manera de galardonar a cintas que lo merecen, sin importar la taquilla y la popularidad, pero el camino fácil de generar polémicas ha sido elegido en los últimos años ¿Funciona? Puede ser, pero se continúa diluyendo la relevancia del premio.

No nos desviemos tanto, el año pasado se estrenó Titane, segunda cinta de Julia Duournau; Annete, la más reciente cinta de Léos Carax; Noche de Fuego, de la mexicana Tatiana Huezo y Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson. De todas las cintas mencionadas anteriormente solo una fue nominada dentro de los Óscar, pero no ganó ningún premio.

Llegados a este punto podemos entender un par de cosas: ni todas las películas son tomadas en cuenta, ni se trata de premiar a lo mejor del cine. Al final la gala de los Oscar es una parafernalia que poco tiene que ver con la calidad artística de las producciones que vimos durante todo el año, centrándose en el rating, el beneficio monetario y el alimento del ego de los ganadores.

No sé cómo lo vean ustedes, pero para mí el cine es otra cosa muy alejada del aplauso vano. El cine es el conjunto de todas las artes en una sola. El cine es la forma en la que retratamos nuestro presente, reinterpretamos el pasado y visualizamos en futuro. El cine es la manera que tenemos de vivir historias que jamás podremos vivir. 

El cine no es un premio vacío votado por miembros de un grupo que poco les importa lo que ven (si es que las ven, claro), tampoco es un acto de exclusión ni un pago fijo a productoras, actores y directores, mucho menos es la segregación de un mundo que emana cine y definitivamente el cine no es un golpe violento por un chiste machista y de mal gusto.

Volteemos a ver el séptimo arte como lo que es: arte. Abramos nuestras mentes para poder ver más cine de diferentes partes del mundo. Démosle cabida a nuevas directoras y directores que ya están ahí fuera trabajando para retratar sus historias y, sobre todo, pongámonos en el papel de espectadores exigentes para poder ver, consumir, hablar, reseñar y tener más y mejor cine, porque el cine no son solo los Óscar… el cine es otra cosa.