Entre los grandes directores que el cine mexicano moderno nos ha regalado encontramos a Guillermo del Toro. El cineasta oriundo de Guadalajara ha logrado poner su sello característico en cada una de sus cintas, llenando los encuadres y las escenas con una esencia única y monstruosa, encarando a los espectadores con los verdaderos horrores que los seres humanos pueden llegar a cometer.

No cabe duda de que Guillermo sabe perfectamente el tipo de cine que el público espera de él, y no por complacerlos, sino para mantener altos los estándares sus producciones. Si bien la carrera del cineasta no es perfecta, no podemos decir que no ha logrado mantenerse vigente y concretar su filmografía.

Con La Forma del Agua el mexicano parecía que llegaba a su cúspide, pero si algo nos queda claro con El Callejón de las Almas Perdidas es que Guillermo del Toro aún tiene mucho bajo la manga para continuar con su carrera.

La anécdota se centra en la vida de Stan, interpretado magistralmente por Bradley Cooper, un hombre que vive en Estados Unidos en 1940. Nuestro protagonista tratará de olvidar su pasado y forjarse un mejor futuro a toda costa, trabajando en un circo y aprendiendo el arte de la adivinación, llevándolo a extremos inimaginables. 

La historia está basada en la novela Nigthmare Alley (mismo nombre de la cinta en inglés), escrita por William Lindsay Gresham en 1946. La adaptación del guion por parte del mismo director y Kim Morgan logra atrapar la esencia más mundana y ambiciosa del ser humano, dotando la primicia de una monstruosidad tangible y escalofriantes.

Nada sobra dentro de esta cinta. La fotografía de Dan Lausten, mismo fotógrafo de La Forma del Agua y La Cumbre Escarlata, comprende escenarios físicos que tratan de alejarse de la implementación de efectos hechos por computadora. El resultado de los efectores prácticos se combina con la ambientación de Nueva York en los años cuarenta, encerrando al espectador en un viaje donde la temporalidad juega como personaje y lleva la cinta a otro nivel.

A pesar de un pequeño bache donde concluye el primer acto, El Callejón de las Almas Perdidas sabe retomar de manera inmediata los tropiezos, dándole el aire necesario a cada diálogo para dejar que el desarrollo de los personajes sea redondo y bien ejecutado.

Las actuaciones, además de la de Bradley, son interpretadas por un elenco de la tala de Cate Blanchett, Willem Dafoe, Richard Jenkins y Rooney Mara, todos precisamente dirigidos y entregando dimensiones de forma, fondo y motivaciones sus caracterizaciones.

Si nos vamos por el lado simple de ver la cinta, tal vez entendamos el mensaje obvio. Del Toro nos ha enseñado que las peores cosas del mundo no son llevadas a cabo por monstruos, sino por personas reales que muestran sus peores caras después de mucho tiempo.

Al mismo tiempo la película nos habla de una historia fallida de redención, de un falso entendimiento de cómo llevar nuestra vida a un buen puerto, del dolor de la pérdida y, sobre todo, de cómo vivimos los ciclos de vida cuando no aprendemos de nuestros errores.

Todas las lecturas de El Callejón de las Almas perdidas son válidas, pero como amantes del séptimo arte no podemos negar por un momento que las referencias y la carta de amor al cine que nos regala Guillermo del Toro hace de la cinta un producto invaluable y digno de ver.

La cinta está llena de referencias al esoterismo, la adivinación, la magia y la fantasía, pero todas ellas bajadas a un plano vívido y tangible, mismo que sorprende con su vigencia y con la manera en la que seguimos relacionándonos con aquellos temas que parecen en realidad ajenos e inentendibles a nosotros.

Hablar de esta película es hablar del amor que el mexicano tiene con el cine. Con La Forma del Agua logró conmover a las audiencias con una historia de amor entre un ser acuático y una mujer, en El laberinto del Fauno pudimos comprender los horrores de la guerra civil española desde los ojos de una niña y como trataba de escaparse de ese mundo, y con El Callejón de las Almas Perdidas Guillermo del Toro nos enfrenta con el espejo de la humanidad.

El director mexicano no tiene nada que demostrar. Tal vez pueda llegar a ser criticable el encasillamiento que tiene con las historias que cuenta, pero si eres bueno en algo y lo haces bien ¿Por qué cambiar de camino? No se trata de atreverse o salirse de la zona de confort, más bien es saber dejar un legado conciso y con una pauta que muestre las capacidades que tiene el cineasta.

Para los próximos Premios Oscar no tengo una predicción muy acertada con esta cinta. A pesar de la aceptación del público, se antoja bastante complicado que compita como mejor película, no porque no lo merezca, pero el tenor de las cintas que tienen posibilidades resuena más en otro tipo de películas que ya hemos visto.

Si estuviera en mis manos, y haciendo una premonición que hace justicia a la cinta, el Oscar a mejor guion adaptado lo tiene Guillermo en el bolsillo. La actuación de Bradley Cooper merece al menos una nominación y la fotografía debería ser al menos considerada para una estatuilla. 

Si estás familiarizado con el cine de Guillermo del Toro, no puedes dejar de ver El Callejón de las Almas Perdidas, probablemente se encuentre en tu top del director, por arriba de la Forma del Agua. Si te es completamente ajena la carrera del director y lo tuyo no son las historias de fantasía, es tu momento para entrar a sus producciones con esta cinta.

Calificación: 9.0