En Coahuila, la inclusión no es un concepto aspiracional, sino una política pública con resultados tangibles. Ayer, desde Arteaga, el gobernador Manolo Jiménez presentó el Gran Programa de Inclusión para Personas con Discapacidad, una estrategia que no se queda en buenas intenciones: más de 331 millones de pesos destinados a acciones, programas y apoyos que buscan mejorar de manera integral la calidad de vida de miles de familias. La numeralia es clara y contundente: inversión histórica, cobertura estatal y un enfoque que incorpora no solo a las personas con discapacidad, sino también a sus cuidadores, un sector tradicionalmente olvidado.
Lo relevante no es solo el monto, sino la arquitectura del programa. Se trata de una estrategia transversal que articula distintas áreas de gobierno y que se estructura en cinco ejes: sensibilización, detección, atención, movilidad y fortalecimiento. A ello se suma la entrega de apoyos directos como el programa “Veamos la Discapacidad”, que contempla recursos económicos para beneficiarios, así como la provisión de aparatos ortopédicos, soluciones de movilidad y acciones enfocadas en salud, educación y autonomía. En términos de política pública, el mensaje es claro: atender la discapacidad no desde la asistencia, sino desde el desarrollo integral.
Este planteamiento no surge de la improvisación. Responde a una visión de gobierno que entiende que la calidad de vida depende de múltiples factores: infraestructura, programas sociales, salud, educación, empleo y seguridad. Bajo esa lógica, Coahuila ha construido una ruta que prioriza a los sectores más vulnerables con una estrategia coordinada entre estado, municipios, sociedad civil e iniciativa privada. Es, en los hechos, un modelo que busca cerrar brechas y generar condiciones reales de inclusión, más allá del discurso.
Y es precisamente ahí donde el contraste político se vuelve inevitable. Durante meses, desde Morena se insistió en cuestionar la ausencia de convenios federales como argumento para desacreditar la política estatal en esta materia. Hoy, frente a una estrategia robusta, con recursos, estructura y resultados, ese discurso simplemente se queda sin sustento. Porque mientras unos se han dedicado a grillar, en Coahuila se ha estado trabajando; y cuando hay resultados sobre la mesa, la diferencia es evidente.






