México.- Hace algunos días vi en este mismo medio una nota especial que hacía alusión a los estereotipos de belleza con los que las mujeres son sometidas a vivir. En resumidas cuentas, me pareció una nota bastante completa, bien entendible y digerible; sin embargo, no pude evitar preguntarme por aquellos estereotipos, ideas, estigmas y/o paradigmas que giran alrededor del varón.
Antes de comenzar quisiera aclarar que esta barra de opinión no pretende en lo mínimo demeritar el trabajo previamente realizado por catedráticos (aunque quisiera quizás no podría) ni demeritar a ninguna persona o lucha social en general, mucho menos quisiera demeritar el trabajo antes mencionado, más bien he partido de ahí para (intentar) llevar al debate público cierto aspectos que como hombre me resultan interesantes y de los cuales veo poco diálogo.
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¡En fin! Sin más por el momento comencemos con los estereotipos que deberíamos dejar de replicar en los hombres:
1- El arte no es para hombres.

Ok, es cierto que hay muchas disciplinas artísticas que un hombre puede practicar sin prejuicios, ¡pero seamos sinceros! Hay muchísimas más que por default harán que te lluevan cientos de comentarios despectivos y hasta insultos.
Debo decir que tengo el privilegio de hacer teatro desde hace ya casi 10 años y para este punto la mayoría de los comentarios que llego a escuchar simplemente se me resbalan, pero no siempre fue así, menos aún viniendo de un barrio relativamente hostil y un ambiente completamente deportivo.
Cuando comencé a hacer teatro también comenzó la separación con muchas personas a las que consideraba mis amigos principalmente porque sus comentarios me orillaron a alejarme de ellos, comentarios como “ya vas a tus joterías”, “esa madre no deja varo”, “por lo menos ves morritas chidas” y demás terminaron por separarme de la mayoría de los compañeros que tuve en la infancia.
Si bien este es un caso bastante particular, sé que no soy el único que ha atravesado por esta situación pues obviamente tengo otros compañeros que se dedican a la danza, al ballet, etc. Y la gran mayoría coincide en haber recibido este tipo de comentarios.
La cosa se puede llevar un poco más allá, pues incluso tuve amigos que eran muy buenos en el arte del grafiti o de la ilustración y que debido a los comentarios (principalmente de los padres) se vieron obligados a abandonarlos porque “eran pendejadas”, “mariconadas” o simplemente porque no dejaban.
Creo que no hace falta ni mencionar a todos aquellos que sienten interés por el dragg ¿verdad?
2 – El hombre como proveedor y la relación con el dinero (y hasta con el éxito).

Un poco en conjunto con el punto anterior llega el hecho de que como hombre debes tener dinero, ¡siempre!, no importa qué tengas que hacer, cuánto debas trabajar o sacrificar. Haz pesos, no pesas.
Estudios sociales y demográficos muestran que los hombres tienen un mayor índice de suicidios en comparación con las mujeres, la mayoría de estos se dan por endeudamientos o por la incapacidad de proveer a sus seres queridos o de darles una digna calidad de vida.
Con base en lo anterior también es común que los hombres se vean forzados a estudiar cosas que no quieren porque “es lo que deja”, “ahí sí hay billete”, y también es común que sacrifiquen tiempo de calidad con sus seres queridos (llámese pareja, hijos, familia y/o amigos) con tal de obtener más dinero.
Además, desde que eres niño es normal escuchar decir a los demás que uno tiene que ser el que invite a las mujeres y pagar por ellas el transporte, la comida, la salida al cine, al bar, comprarles ropa, pagar el viaje de pareja, regalos costosos, ramos de rosas, serenata con mariachis, etc, etc, etc. ¡Y cuidadito con que no lo hagas! Porque entonces eres un hombre que “no vale la pena”.

Desde el otro punto, un hombre que se dedique a las labores domésticas y a la crianza de los hijos también es mal visto. No importa que haya llegado a un acuerdo con su pareja o que sus capacidades físicas le impidan obtener un trabajo remunerado o simplemente que la situación lo haya llevado a este punto, un hombre que se dedica al hogar simplemente no vale tanto como uno que va al jale a diario y lleva “la papa” a la casa.
3 – Mientras más homosexual menos hombre.

Para empezar ¿qué quiere decir ser “más homosexual”? ¿ser más afeminado? ¿tener aventuras con más hombres/ personas del mismo sexo? ¿hablar en femenino para todo? Ciertamente no lo sé, pero entiendo que hay personas que pueden tener comportamientos más afeminados que otros y no por eso son menos hombres.
Ahora bien, yo no sé qué relación hay entre las preferencias sexuales de un hombre y su hombría, ¿alguien me lo puede decir? Si bien en este momento no tengo un concepto claro respecto a la hombría (un tema que después analizaremos con más detalle), tengo la certeza de que preferir a una mujer no me hace más hombre que alguien que prefiere tanto sexual como emocionalmente a otro hombre.
Por alguna razón suelen mezclarse los términos “homosexual” y “afeminado” y hasta suelen ser confundidos o utilizarse como sinónimos, pero son conceptos completamente distintos. Por otra parte hay quienes piensan que una persona “muy masculina” no podría ser nunca un homosexual y eso también es errado.
Recordemos que hay tantos hombres como tipos de hombría.
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4 – El lobo solitario.

En diferentes grupos y páginas de Facebook que sigo se ha dado la casualidad de hablar respecto a cómo es que los hombres afrontan sus problemas y veo una notable preferencia por hacerlo de una manera solitaria. Honestamente pienso que la mayoría de ellos romantiza de una manera (casi) exagerada el hacerse los hombres rudos, que no necesitan de alguien más y quieren ser el chico cool de la película, sin embargo, es una hazaña que ningún hombre debería ponerse ni exigirse.
¡No me malentiendan! No juzgo para nada a estos chicos, al contrario, los entiendo porque yo también pasé por ahí, también creí que yo solo podría con el mundo, creí que había más honor en resolver las cosas por mí mismo, que aquellos que no podían lidiar con su soledad eran personas inferiores o incapaces e incluso alardeaba de sentirme más cómodo junto a mi soledad (he de admitir que todavía no logro separarme por completo de esos pensamientos)… y resulta que cuando no pude más, cuando el peso de las cosas que cargaba yo solo sobrepasó mis fuerzas, cuando de verdad estuve solo, entré en una especie de depresión que me llevó a no levantarme de la cama durante meses.
Seguramente habrá personas que sí puedan llevar su vida sin la compañía de alguien más y eso está muy bien y todo, pero debemos ser capaces de reconocer, tanto en nosotros mismos como en otros hombres, que no todos tienen esa capacidad y que no tiene nada de malo, así como tampoco tiene nada de malo solicitar ayuda ya sea de un profesional o de una persona cercana a nosotros.
Insisto: somos los hombres quienes tenemos una mayor tasa de suicidios en todo el mundo.
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5 – La gran necesidad de sexo.

Te voy a contar un secreto: de las cosas que más me han dolido en la vida, fue una vez que en una discusión con alguna de mis exparejas me dijo “tú solo me quieres para coger”. Esas palabras definitivamente me dolieron, no nada más porque no era cierto, sino porque me hizo sentir como una persona que sigue un impulso sexual desenfrenado del cual no tiene control alguno.
La relación con ella terminó finalmente algunos meses después, obviamente mis padres se enteraron de la ruptura, aunque no se enteraron del porqué y la cosa pudo haber terminado ahí, pero un día escuché por casualidad a mi madre hablando respecto al tema y decir algo como “… este cabrón terminó con su novia, a mí se me hace que nomás la quería para echársela. Si es bien cabrón.”
Estas palabras, viniendo de mi propia madre, me dolieron mucho más, aunque no dije nada (porque actitud del lobo solitario), pero a partir de aquel momento me puse a pensar en cuántas personas, especialmente hombres, habrían pasado por lo mismo.
No me refiero propiamente a las palabras que dijeron tanto mi madre como ex, sino a ser tachados como una bestia que no puede reprimir su libido, como alguien que no puede ejercer su sexualidad como una forma de amar, como alguien que sigue y busca los placeres carnales sin tomar en cuenta los sentimientos de otros… casi casi a ser tratado como un depredador sexual por el mero hecho de haber nacido con un pene entre las piernas.
Sin llegar a justificarlas, creo poder entender de dónde viene ese estereotipo/prejuicio (o ponle el nombre que quieras) y es que es muy común que la hombría del varón, su virilidad y parte de su éxito, se mida por la cantidad de mujeres a las que se ha “echado”. ¡Cosa más absurda!
Escribiendo esto me veo en la necesidad de contarte un secreto más relacionado con el tema: la primera vez que tuve sexo fue cuando yo tenía unos 22 años.
Si tomamos en cuenta que, según la SEP, el promedio de iniciación sexual se da entre los 12 y los 15 años, se podría decir que comencé algo “tarde”. A mis 18 no necesitaba saber de algún estudio de la SEP para saber que “ya me había tardado”, bastaba con las constantes burlas de mis compañeros varones de escuela o de barrio y las insinuaciones (a manera de burla pero insinuaciones al fin) de la famosa tradición de llevarte a un burdel para que “te hagan hombre”… o bastaba con la cara de incredulidad de mis compañeras mujeres cuando se enteraban que yo “todavía no”. Por alguna razón el hecho de no haber copulado con una chica automáticamente me ponía muy por debajo en la cadena alimenticia.
Con lo anterior, me permito decirte algo: si tú “todavía no”, ¡no te preocupes, cabrón! No importa la edad que tengas, no vas tarde. La edad ideal es cuando tú te sientas cómodo y preparado, no antes.
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6 – Las muestras de afecto con otros hombres.

Mi hermano y yo tenemos una dinámica muy particular de mostrarnos afecto: ambos nos queremos, sabemos que uno daría la vida por el otro y sabemos que ante cualquier adversidad estaremos ahí. Nunca lo hemos dicho en voz alta (ni en voz baja, obvio), pero lo sabemos, ¿cómo? Porque cuando uno pasa frente al otro le dice “¿Qué, puto?”, “Te paras como si te lo aventaras (un tiro)”, “Muy verg@$ ¿o qué?”; lo sabemos porque cuando él está acostado en el sillón de la sala y yo paso por ahí me pinta dedo o yo a él, o nos damos chingazos en los hombros o de la nada comenzamos una pelea para ver quién se rinde primero.
Estoy muy seguro que este escenario te podría resultar muy similar a la dinámica que manejas con tus hermanos o con tus amigos, porque es la manera como los hombres nos decimos “te quiero” y así nos apoyamos incluso en los momentos difíciles: un golpecito en el hombro, un abrazo levesón de ladito (no vaya a ser que nuestras pelvis se rocen) y las palabras mágicas “pos a echarle chingazos, we”.
En principio lo anterior no tiene nada de malo, es una dinámica que hemos venido replicando desde hace mucho y funciona relativamente bien porque todos sabemos que ese golpecito y esas palabras que pudieran parecer agresivas si las sacas de contexto son un indicador de que las cosas están bien, o que por lo menos no han empeorado… pero yo me pregunto ¿Por qué no puedo decirle “te quiero/te amo” a mi compa o a mi carnal… o incluso a mis hijos?
Ok, ok, ok yo no tengo hijos, pero en las pláticas con los compas ha sido habitual el darnos cuenta que incluso con lazos padre-hijo está bastante estigmatizado el mostrar afecto.
Son muchos los hombres que no han recibido nunca un abrazo o un “te quiero” por parte de sus padres y lo más tonto de todo esto es que en el peor de los casos (al menos quiero pensar que este es el peor de los casos) estas muestras de cariño no se dan porque “no se vaya a hacer joto mijo”.
Ahora bien, si desde niños aprendemos que las muestras de afecto entre hombres están “mal” o son mal vistas ¿cómo esperamos dar muestras de afectos siendo adultos? Y esto se convierte en un círculo viciosos que solo se va a romper hasta que alguien se atreva a decir “te quiero” o a dar un abrazo y vea que no pasa absolutamente nada.
Lo digo una vez más: las dinámicas que manejamos actualmente funcionan relativamente bien, pero creo que funcionarían mucho mejor y nuestros vínculos serían más cercanos y la cosa sería más reconfortante si dejáramos de estigmatizar las muestras de afecto y si dejáramos de disfrazarlas para no verme “menos hombre”.
Para finalizar.
A manera de conclusión quisiera comentar que dejar de replicar estas conductas y estereotipos no es cosa simple, hemos vivido así desde que tenemos memoria y hacer un cambio supone un esfuerzo tremendo porque nos saca de nuestra zona de confort y nos enfrenta a nosotros mismos y a lo que creemos, sin embargo, comenzar a cuestionarnos es un muy buen primer paso, ¡así que cuestiona! Cuestiona todo, incluso lo que acabas de leer.
Y pues nada, terminamos por ahora porque si me sigo, este texto podría no tener fin. Sé que faltan muchos otros estereotipos, pero ya los retomaremos en otras ocasiones. También sé que faltaron algunos de los más comunes como el que dice que los hombres no lloran y cosas por el estilo, pero para esos tengo pensadas otras cosas.
¡En fin! si has llegado hasta acá muchas gracias por regalarme un poco de tu tiempo, te agradecería mucho que pudieras compartir este texto y que dejes en la barra de los comentarios tu opinión respecto a estos temas o de algún tema que te gustaría que se tratara. Si te sientes más cómodo puedes dejarme un mensaje en mi Instagram @donaldodhhn.
¡Nos leemos pronto!
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