Tengo 29 años y hoy puedo presumir que estoy vacunado; con una dosis, pero vacunado.
La tarea no fue fácil, tuve que sortear varios obstáculos: los rayos del inclemente sol, largas filas, tarifas de taxi extras, mala organización, desabasto de vacunas y un tráfico que pensé nunca vería en Saltillo. Les cuento mi experiencia.
Canacintra bajo el sol y el desabasto de vacunas
El viernes 20 de agosto comenzó la jornada de vacunación para los jóvenes de 18 a 29 años de edad en Saltillo. Desde ese día las filas tanto peatonal como vehicular en los diferentes puntos de vacunación en Saltillo registraron un alto número de interesados. Filas de al menos un kilómetro de longitud y dos respectivamente, se encontraban a la espera de ingresar a los centros y recibir él biológico de AstraZeneca.
Mi novia fue la primera, ella viajó a canacintra el viernes por la mañana y en menos de tres horas, volvió a casa; vacunada. Me contó que estuvo un par de horas bajo el sol, que el piquete no dolió, pero que la fila podía darle la vuelta a las bodegas y tienda de autoservicio que se encuentra cerca de Canacintra, uno de los puntos de vacunación en nuestra ciudad.
Mencionó que además de un leve dolor en el brazo no sentía nada más. Fue en la noche donde la cosa se agravó. Cuerpo cortado, dolor muscular, escalofríos, tos y dolor de cabeza fueron algunos de los efectos secundarios que mi novia sufre; los cuales no la dejaron dormir y le duraron casi dos días.
Yo, asustado, no quería ir a vacunarme. No deseaba sentirme mal. Poco me duró la idea y pronto cambié de opinión.
El día llegó, el domingo era mi turno de ir a vacunarme.
Decidí hacer la misma formula, Cerca de las 9 de la mañana partí en un taxi a canacintra. El chofer me contó que ya llevaba tres vueltas ahí, que habían sido días de mucho trabajo.
Al llegar me tope con una fila kilométrica de miles de jóvenes que esperaban su turno para la vacuna. Deprisa fui a buscar el final de la fila, después de varios minutos caminando y dejando atrás a cientos de jóvenes la encontré. Para que al poco tiempo de formarme un tipo llegará y nos anunciará:
“Ya no hay vacunas chicos, hasta aquí alcanzará”, dijo señalando varias personas tras de mí.
En el mimbre aún hay vacunas y también es peatonal dijo por última vez el joven, perdiéndose entre la multitud que molesta se acercaba a reclamar.
Los 40 minutos que duré en canacintra intentando vacunarme solo sirvieron para agarrar sol; lastima de los cientos de jóvenes que no llevaban sombrero.
Sin más, sin reclamos y sin molestias, decidí tomar un taxi y dirigirse a “Hacienda el Mimbre”, otro de los puestos de vacunación colocados en Saltillo.

Hacienda el mimbre: “Solo Vehículos”
Con el taxímetro ya en 80 pesos; nos acercabamos a la hacienda mimbre, ubicada al otro extremo de la ciudad, a kilómetros de distancia de CANACINTRA. Encontrar el acceso al lugar fue difícil, policías y tránsitos bloquearon calles, lo que provocó rodeos para poder ingresar por carretera a Zacatecas, por la plaza comercial.
El taxímetro llegó hasta los 140 pesos y me dejó en la plaza comercial Sendero sur; ahí continuaría la aventura a pie. Detrás de mí, y entre calles y rodeando el estacionamiento, cientos de coches con muchos jóvenes sobre ellos avanzan a vuelta de rueda intentando integrarse a las filas de vacunación.
Seguí a pie, cerca de 900 metros, por un momento me sentí en una película de zombies, pasando entre coches con personas sobre ellas que esperan su turno para salvar su vida.
El sol permanecía recio y ni siquiera se asomaban nubes que pudieran regalarnos sombra.
Inmediatamente llegue a la Hacienda, un hombre nos dijo a mi y otro que venía:
“Aquí solo es vehicular, a pie no se puede”.
Pensé que la gente se enojaría al momento, pero a la par una señorita que también parecía del staff, pues traía chaleco de esos fluorescentes, dijo:
“Pídanle a alguien que los trepe y les de rate para que los vacunen”.
Por segundos pensé, es el destino, no quieren que me vacune, mejor me voy por unos tacos de barbacoa. Pero, otra vez la idea duró poco y comencé a escanear y ver a qué coche le podía pedir ayuda.
Un chevy negro con dos personas, padre e hijo que obviamente llevaban el mismo nombre me auxiliaron.
“¿Me puedo subir con usted para recibir la vacuna, es que no aceptan a pie?”, le dije de inmediato al conductor y duros, como casi queriendo decir no, dijo sí con su cabeza.
Rápido me subí ,platiqué con ellos. Me contaron que “jr” acaba de cumplir los 18 años hace un par de días y pues había que aprovechar la vacuna.

Dolió menos de lo que duró
Ya trepado en el carro, con mis nuevos amigos la cosa se fue rápido. De inmediato un jovencito revisó nuestros documentos y nos dio entrada, nos dijo que enseñando ese documento nos vacunaron y con ese mismo volveríamos para la segunda dosis.
Pasamos a un punto más, ahí una enfermera, rápido, en menos de un minuto preparó la vacuna y me inyectó. No dolió, pero los gritos de otros vacunados le daban a la atmósfera cierto aspecto de terror y dolor.
Nos pidieron que esperábamos estacionados en el lugar donde Zapal coloca su escenario principal unos 10 minutos para ver las reacciones. Ahí, ya se podía respirar una atmósfera de calma, no solo era yo el que venía nervioso sino, cientos de jóvenes que también estaban siendo vacunados en ese momento.
A los pocos minutos decidimos partir, y mis nuevos amigos me dejaron en un punto cercano a mi casa; compré algo de comer y me dirigí a ella.
El brazo me duele un poco, aún me falta una dosis, pero ya estoy vacunada.







