Un estudio internacional publicado en la revista Science reveló que entre el 14 y el 17 por ciento de las tierras agrícolas del mundo, equivalentes a unas 242 millones de hectáreas o a la sexta parte del total, presentan niveles tóxicos de al menos uno de siete metales pesados: arsénico, cadmio, cobalto, cromo, cobre, níquel y plomo.

Esta contaminación afecta potencialmente a entre 900 y mil 400 millones de personas, de acuerdo con el equipo liderado por la Universidad de Tsinghua, en China, que analizó casi 800 mil muestras de suelo provenientes de mil 493 estudios regionales en todo el planeta.

Los investigadores aplicaron modelos de aprendizaje automático para estimar la presencia de metales tóxicos a nivel global, usando umbrales promedio basados en los estándares regulatorios de 11 países.

El cadmio resultó ser el contaminante más extendido, presente en el 9 por ciento de los suelos analizados, con una distribución significativa en Asia, Oriente Medio y África.

Le siguen el níquel, cromo, arsénico y cobalto, asociados tanto a fuentes naturales como a actividades humanas como la minería, el uso de fertilizantes fosfatados, la industria y la quema de carbón.

En regiones como China e India, así como en buena parte de Europa, donde hasta el 28 por ciento de los suelos presentan exceso de metales, la contaminación está relacionada con antiguas zonas de intensa actividad humana.

Los autores identificaron un corredor de metales tóxicos que se extiende desde el norte de Italia hasta el sureste de China, abarcando territorios históricamente habitados y altamente industrializados, lo que confirma el legado ambiental del Antropoceno.

Los científicos advirtieron que la falta de control histórico sobre estos metales y su persistencia en el suelo representan un riesgo para los ecosistemas, la seguridad alimentaria y la salud humana, sobre todo ante la falta de estándares globales unificados para definir los límites seguros de estos elementos en tierras agrícolas.