Estados Unidos.- La administración de Donald Trump utiliza la revocación de visados estadounidenses como una herramienta estratégica de precisión para ejercer control geopolítico en Latinoamérica, desplazando los criterios de derechos humanos por un enfoque pragmático y transaccional, reveló un amplio reportaje publicado este domingo por el periódico The New York Times.

De acuerdo con el diario estadounidense, como parte de un enfoque expansionista hacia el hemisferio occidental, la Casa Blanca busca reafirmar su dominio en la región «una visa a la vez», sumando esta táctica a presiones comerciales con aranceles, operaciones navales, injerencia electoral e incluso acciones judiciales contra mandatarios extranjeros.

El caso de Andrés López Beltrán y la presión a gobiernos de la región
El informe periodístico destaca casos emblemáticos donde el retiro del visado ha generado tensiones diplomáticas, haciendo mención explícita al caso de Andrés Manuel López Beltrán, aspirante a diputado federal e hijo del expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.

  • Repercusiones en México: El medio neoyorquino recordó que López Beltrán denunció recientemente la revocación de su visa tras señalamientos de corrupción que ha rechazado categóricamente, calificando la decisión de Washington mediante una carta abierta como un ataque político contra el movimiento de su padre.
  • Alcance regional: La medida de control administrativo se ha aplicado tanto a gobiernos con posturas distantes a la Casa Blanca como a administraciones aliadas, mencionando a naciones como El Salvador, Costa Rica y Chile.
  • Sanciones personalizadas: The New York Times subrayó que, dentro del catálogo de presiones diplomáticas de Estados Unidos, la cancelación de visados destaca por ser una de las herramientas más ágiles, precisas y profundamente personales para condicionar la conducta de figuras políticas.

Un cambio en la política exterior: del Estado de derecho al pragmatismo
Analistas e investigadores consultados por el rotativo coincidieron en que es poco probable que el uso de los visados como instrumento de presión cese en el corto plazo, marcando un giro en la diplomacia norteamericana posterior a la Guerra Fría.

Especialistas como Ana María Méndez Dardón, directora para Centroamérica de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), señalaron al diario que Estados Unidos ha dejado en segundo plano las banderas del Estado de derecho, la anticorrupción y los derechos humanos en favor de alineaciones estratégicas. Bajo esta nueva dinámica, dirigentes políticos que anteriormente enfrentaron sanciones ven restituirse sus privilegios tras afianzar relaciones de cooperación con el gobierno estadounidense.