Sinaloa.- No es casualidad que se perpetúe la narcocultura en México. En diversas reflexiones sobre el fenómeno, especialistas advierten que el narco ofrece la venturosa capacidad de poder, belleza y lujo a través del dinero y el consumismo. En tanto, minimiza los riesgos y las pérdidas, trastocando el desarrollo social. 
Se sienten más seguros

Al retomar las recientes peticiones que hicieran los habitantes de Jesús María, en Culiacán, para que la Guardia Nacional y el Ejército abandonen la comunidad, tras el “jueves negro” del 5 de enero, Javier Oliva Posada, académico de la UNAM, dijo para EL DEBATE que con la incorporación de las prácticas criminales a la vida cotidiana se suma la creencia de que son personajes de la delincuencia o el narco con quienes los ciudadanos pueden sentirse más seguros. “Estamos en un proceso de deterioro serio de las condiciones y claves de convivencia social en normalidad”, consideró.

Anajilda Mondaca, profesora investigadora, añadió que parte de la expansión de la narcocultura, que se deriva del fenómeno del narcotráfico, está operada, de alguna manera, por menores, niños y adolescentes, mayoritariamente hombres. Este grupo, según consideró, es el sector más vulnerable. “Está la parte de cómo ha crecido la población en términos de operadores, pero también de consumidores de la narcocultura”, abundó. 

En entrevista para, Anajilda Mondaca consideró que la música es el foco central para conocer cómo va evolucionando el proceso de la narcocultura en México y Sinaloa.  

Los nuevos corridos 

Los corridos, por ejemplo, dijo que se transforman para llegar a sectores nuevos, lo que a su vez provoca hiperconsumismo. Casos recientes relacionados con los corridos y su evolución son artistas como Natanael Cano, que innovó con corridos fusionados con trap, rap y música electrónica, o Luis R. Conríquez, pionero en corridos bélicos.

“Veamos las redes sociales, cómo están los canales de tantas plataformas, la propia producción de las series, la moda y cómo ha permeado justamente todos los sectores y las capas sociales”, apuntó.  

En este sentido, Javier Oliva Posada añadió el caso de las series de televisión relacionadas con prácticas delictivas que, según consideró, convierten al espectador en una especie de cómplice pasivo, “donde su reacción es que ojalá no lo detenga la autoridad y siga delinquiendo, porque supuestamente es alguien que beneficia a su población porque presta o regala dinero”, apuntó.