La crisis en la industria automotriz de Estados Unidos se agravó con la huelga sorpresa en la planta más grande de Ford en Kentucky, donde 8 mil 700 trabajadores miembros del sindicato United Auto Workers (UAW) declararon un paro laboral en medio de las negociaciones contractuales estancadas.

Esta medida, que afecta a la planta de camionetas de Ford en Louisville, añade más presión a la ya tensa situación en la industria automotriz, que ha estado lidiando con una serie de huelgas en las «Tres Grandes» empresas de Detroit: Ford, General Motors y Stellantis (la empresa matriz de Chrysler).

Shawn Fain, el presidente del sindicato, afirmó que la decisión de intensificar la huelga en Ford fue impulsada por la falta de avances importantes en las negociaciones. Según Fain, Ford había presentado una oferta que no se diferenciaba de una oferta anterior, lo que aumentó la frustración de los trabajadores y del sindicato.

Desde el 15 de septiembre, los trabajadores del UAW han estado en huelga exigiendo un aumento salarial, subsidios por el costo de vida, la restauración de las pensiones y otros beneficios. A medida que las conversaciones avanzan, los sindicatos han intensificado las huelgas, buscando llevar la crisis a instalaciones de fabricación cada vez más valiosas.

La huelga en Kentucky es un claro mensaje para las otras dos empresas automotrices de Detroit, General Motors y Stellantis, cuyas ofertas salariales y de prestaciones son consideradas inferiores a las de Ford, según resúmenes publicados por las compañías y el sindicato. Esto podría presionar a estas empresas para que reconsideren sus ofertas y eviten una huelga similar.

El impacto de esta huelga se hace evidente en la declaración de Ford, que la considera «sumamente irresponsable» y prevé consecuencias dañinas para su fuerza laboral, proveedores, concesionarios y clientes comerciales. A pesar de la crisis, el sindicato sostiene que las «Tres Grandes» tienen recursos más que suficientes para satisfacer las demandas de los trabajadores.