Ciudad de México.- Lejos de ser erradicado, el huachicol se convirtió en el sello de la corrupción en los gobiernos de Morena. Con la bandera del combate frontal y la militarización de puertos y aduanas, el sexenio de Andrés Manuel López Obrador terminó hundido en uno de los mayores escándalos económicos y políticos de los últimos años: el robo de combustibles que dejó pérdidas cercanas a un billón de pesos.

Del discurso al fracaso

El almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, secretario de Marina, reconoció públicamente que hubo detenciones de mandos navales vinculados al huachicol. Su declaración de “cero impunidad” sonó más a deslinde que a victoria, pues exhibe que ni la propia Marina, erigida como institución intocable, escapó a los tentáculos de la corrupción.

Las cifras lo dicen todo:

Entre 2018 y 2024, el huachicol fiscal provocó pérdidas por 809 mil 324 millones de pesos.

En 2024, Pemex reportó un quebranto de 20 mil 428 millones solo por tomas clandestinas.

Organismos privados calculan un desfalco anual de nueve mil 200 millones de dólares.

Nombres propios de la complicidad

El sello de corrupción no se limita a cifras. Varios nombres del círculo obradorista han quedado en entredicho.

Adán Augusto López Hernández, exsecretario de Gobernación, es señalado por su cercanía con Hernán Bermúdez Requena, detenido en Paraguay por vínculos con la organización criminal “La Barredora” y acusado de secuestro, extorsión y asociación delictuosa.

Audomaro Martínez Zapata, exdirector del Centro Nacional de Inteligencia y mano derecha de AMLO, ha sido mencionado en investigaciones periodísticas que lo vinculan con redes de huachicol fiscal y empresas bajo la lupa de autoridades extranjeras.

Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente, aparece señalado en reportajes sobre beneficios indirectos y nexos empresariales en el sector energético, relacionados con importaciones y transportación de combustibles.

Una marca indeleble en el obradorismo

El fracaso es doble: en lo económico, el país perdió recursos equivalentes a años de inversión en infraestructura, salud o seguridad; en lo político, quedó en evidencia que Morena nunca erradicó el huachicol, solo lo profesionalizó y encubrió.

El huachicol no fue un enemigo derrotado, fue un negocio que floreció bajo el discurso de la “honestidad valiente”. Hoy, con militares procesados, pérdidas millonarias y señalamientos directos contra colaboradores y familiares de AMLO, el sello de Morena es claro: corrupción disfrazada de combate.