México – El reconocido empresario mexicano Olegario Vázquez Raña, presidente y accionista de Grupo Empresarial Ángeles, falleció esta madrugada a la edad de 89 años. Su trayectoria dejó una huella imborrable en diversos sectores, desde la salud y las finanzas hasta los medios de comunicación y el deporte.

Nacido el 10 de diciembre de 1935 en la Ciudad de México, Vázquez Raña no solo destacó como un líder empresarial visionario, sino también como un apasionado deportista. Representó a México en cuatro ediciones consecutivas de los Juegos Olímpicos: Tokio 1964, México 1968, Múnich 1972 y Montreal 1976, en la disciplina de tiro deportivo.

Su compromiso con el deporte lo llevó a presidir la Federación Mexicana de Tiro con Arco de 1975 a 1992, y posteriormente, la Federación Internacional de Tiro Deportivo (ISSF) durante más de 38 años, hasta 2018. Durante su gestión en la ISSF, impulsó importantes cambios, como la inclusión de pruebas de rifle de aire en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Además, fue miembro del Comité Olímpico Internacional.

Junto a sus hermanos, fundó la cadena Hermanos Vázquez, pionera en acercar tecnología y electrodomésticos al consumidor popular mediante esquemas de crédito accesibles. La empresa se convirtió en un símbolo de movilidad social para miles de familias mexicanas. Sin embargo, su visión trascendió ese primer proyecto: en los años ochenta, don Olegario fundó Grupo Empresarial Ángeles, rebautizado en 2024 como Grupo Vazol, integrando sectores tan diversos como la salud, las finanzas, los medios, la infraestructura y el turismo.

Entre sus principales activos se encuentran Hospitales Ángeles, Imagen Televisión, el diario Excélsior, Grupo Multiva, Hoteles Camino Real y la farmacéutica Kener, entre otros. 

En 2014, dio un golpe mediático al adquirir el Club Querétaro y concretar la histórica llegada del astro brasileño Ronaldinho a la Liga MX, en un episodio que demostró su aguda comprensión del valor del entretenimiento y el posicionamiento de marca en el ámbito deportivo.


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Le sobreviven su esposa, María de los Ángeles Aldir, con quien compartió más de 60 años de vida, sus hijos María de los Ángeles, Mónica y Olegario, así como varios nietos, que fueron parte activa de su vida y orgullo constante.

Su fallecimiento marca el fin de una era para el empresariado mexicano, pero su influencia perdurará a través de las instituciones y proyectos que fundó. Sin duda, su visión y liderazgo dejaron una huella imborrable en México.