Tony Castro dibujó su pasado y su presente.

Su pasado refleja que nunca aprendió ni a leer y que, de joven, fue inútil y proclive a gastar dinero, que obtuvo no se sabe de dónde y que lo gastaba en lugares donde mujeres venden caro su amor, aventureras.

Hoy, como diputado federal y con el síndrome de Peter Pan que no madura a pesar de su edad, se metió un autogol.

Frente a la burla de sus propios compañeros morenistas, confesó, como si fuera una gracia, que, a sus 30 años de edad, es un mantenido.

El angelito aún vive con sus padres.

¿Qué hizo antes de los 30 años?

La respuesta es nada, y se nota que hoy perdió piso.

Al dar a conocer su posicionamiento sobre la reforma en materia de vivienda del Infonavit, muy apenas se le entendió por no saber leer de corridito.

Luego se le olvidaron los logros que presumió López Obrador, al afirmar que los jóvenes y no tan jóvenes están en la pobreza, sin ingresos suficientes y no pueden enganchar una vivienda, menos comprarla.

López Obrador presumió el aumento de hasta un 151 por ciento en el salario mínimo y a cada rato aseguraba que en su Gobierno se entregaron 3.6 millones de créditos para vivienda.

El diputado federal Tony Castro, en muy poco tiempo, ya se hizo famoso.

Por su gusto por los antros donde gasta su dinero con bailarinas y ahora por revelar su mediocridad.

Esperemos que ahora, con el sueldo que nunca imaginó ganar, adquiera su propia casa o la rente y deje de vivir, a sus 30 años, en la casa de sus padres. Bonito ejemplo.