Sin duda, la esperanza tiene nombre y se llama Claudia Sheinbaum.

La reforma al Poder Judicial de la Federación, con fines políticos, se consumó y será promulgada luego de que sea aprobada por 17 congresos estatales.

Aún está la controversia legal que interpuso la Suprema Corte de Justicia y dos juezas.

Sin embargo, todo pinta a que, ya casi al terminar su sexenio, al presidente López Obrador se le cumplió el capricho.

Toda reforma es necesaria siempre y cuando sea en consenso y con fines de eficiencia y más en la impartición de la justicia, que significa darle a cada quien lo que se merece.

Sin embargo, esta iniciativa aprobada por Morena, y un traidor de origen panista, conlleva muchos riesgos por atender fines políticos, atentar contra la democracia, alentar la inseguridad y lesionar la economía con la devaluación del peso.

Y es ahí donde aparece la figura de la presidenta electa, Claudia Sheinbaum que recibirá una herencia cargada de pasivos como la inseguridad y la carestía de la vida, con los aumentos de precio a los alimentos básicos y un incremento constante a las gasolinas y el diésel, además de un sistema de salud cada vez más deficiente (mentira que es mejor que el de Dinamarca) y un sistema educativo pobre, aunado a la polarización entre los estados del norte y del sur.

A partir del 1 de octubre, la presidenta electa es esa figura de esperanza de que, poco a poco, puede modificar lo que hoy está torcido y que sus decisiones den tranquilidad a los mercados financieros y a los inversionistas.

En este país, donde la figura presidencial todo lo puede, lo más prudente será un cambio de timón a sabiendas de que la presidenta electa sabe lo bueno, pero también lo malo de la izquierda socialista y, al mismo tiempo, conoce lo bueno y lo malo de la derecha capitalista.

El ejemplo es claro y va dirigido al Poder Judicial de la Federación. Si hay manzanas podridas, córtalas con todo y ramas, pero no cortes el árbol con todo y raíz, porque esa es una decisión errónea y dictatorial, como la que envuelve la figura del presidente López Obrador, quien se despierta con la frase: menos días.