Más claro, ni el agua. Samuel García le hace el jale a la llamada cuarta transformación.
Después de abandonar a Nuevo León con serias broncas por falta de agua, inseguridad y graves carencias de transporte, Samuel llegó a Saltillo a ofrecer una carnita asada a un grupo de chavas y chavos, pero de propuestas serias y de respuestas del porqué quiere ser presidente de la república, nada de nada.
Quienes estuvieron en la carnita asada salieron decepcionados y confirmaron que el joven perdió el duelo y no cuenta con la experiencia para gobernar ni su estado, mucho menos un país.
Sus acciones son contradictorias, pues se la pasó echándole flores al presidente López Obrador, lo que demuestra que es palero de la cuarta transformación.
“Va por buen rumbo”, dijo Samuel, para luego destacar el asistencialismo de los programas sociales. Así o más clara su postura y su participación para quitarle votos a Xóchitl Gálvez.
No cumplió ni la mitad de su sexenio en Nuevo León y ahora, apoyado por AMLO, se aventará seis meses de vacaciones por todo el país echándole flores a Morena. De real candidato de oposición, el emecista fosfo no trae nada.
Bueno, sí trae algo, le ayuda a la cuarta transformación, ante el descontento generalizado hacia el Gobierno federal por su bajo rendimiento, y ahora más notorio con la llegada de aires de conciencia social en contra del comunismo, desde Argentina.






