Ricardo “El Gatito” Mejía apostó a que, con escándalos, discursos de falsa indignación y manotazos mediáticos lograría poner en duda el nuevo esquema de licitación del carbón. Desde la tribuna y las redes quiso presentarse como defensor del pueblo, aunque todos entendieron que en realidad solo lloraba por los contratos que su aliado Tony “El Coyote” Flores ya no pudo retener. Creyó que su alboroto presionaría a las autoridades, pero la respuesta institucional lo dejó en evidencia.
Un día después de su numerito, la Secretaría de Energía, enviada por la presidenta, junto con la directora de la CFE, el gobernador Manolo Jiménez, los alcaldes de la región y la gran mayoría de los productores de carbón enviaron un mensaje contundente: la licitación sigue, es histórica por su alcance y representa un proyecto de desarrollo económico que beneficia a muchos y no sólo a los mismos de siempre. Mientras unos hacían drama, otros construían acuerdos para el futuro de la región.
Lo que sí dejó muy clara la fotografía oficial del día siguiente es quién está realmente del lado de la región y quién no. Diputados como Teo Kalionchiz y Verónica Martínez fueron parte de un frente institucional que respaldó el desarrollo económico de Coahuila y la reactivación justa de la Carbonífera. En contraste, Ricardo Mejía, desde su curul federal, solo se mostró como defensor de los intereses personales de su patrocinador, más preocupado por reactivar un negocio perdido que por apoyar a las familias que dependen de la actividad carbonera.
Además, la sobreactuación de Mejía terminó arrastrando a su socio Tony “Lord Lambo”, quien pasó de sentirse operador de poder a quedar exhibido como pieza de un viejo esquema ya caducado. Aquellos que quisieron frenar con berrinche lo que es un proyecto respaldado desde la Presidencia, terminaron comprobando que están fuera del proceso, fuera de la foto… y fuera del nuevo momento económico de Coahuila.







