Mario Dávila debería medirle muy bien el agua a los camotes.
Si busca la reelección perderá de golpe la presidencia municipal de Monclova, la dirigencia estatal del PAN y su influencia para darle peso a su amiga, la diputada local gracias a él, Edith Hernández.
Y es que sabe bien que sin el PRI está perdido, en la calle e inmerso en las traiciones como la que ya le recetó Alfredo Paredes.
Su partido político está perdido en la elección de alcaldes, y su desastrosa Administración lo llevarán directo a perder ante el candidato priista Carlos Villarreal que tiene el apoyo hasta de los panistas, igual que Javier Díaz en Saltillo.
Mejor ya debería pensar en bajarse de la reelección para cuando menos seguir mangoneando a la dirigente estatal, Elisa Maldonado.
De lo contrario, ya está listo el grupo del virtual diputado federal Memo Anaya para retomar lo que queda de Acción Nacional.
Ya de por sí Mario Dávila debe andar nervioso por las cuentas mochas de su Administración y ahora se suma la desbandada de ahora excercanos que ya ven la nómina cada vez más alejada y ya andan con el candidato del PRI.
Además, andan por ahí publicaciones en redes sociales donde un grupo de enfermeras lo culpan de supuesto acoso sexual en sus tiempos como alcalde de Frontera.
Mejor sería cuidar lo poco que le queda, gracias a la traición que les propinó su dirigente nacional Marko «Quico» Cortés al romper la alianza con el PRI en la elección de alcaldes y que los dejó en la orfandad.







