El reporte informativo de la DEA es contundente: Los políticos de Morena están ligados a la delincuencia.
En el reporte aparece el caso de Hernán Bermúdez Requena, quien fue secretario de Seguridad Pública en la época en que fue gobernador de Tabasco el hoy senador Adán Augusto López, líder de la fracción de Morena en el Senado.
Al pedir licencia para ser secretario de Gobernación en el sexenio de su jefe, Andrés Manuel López Obrador, Bermúdez Requena fue ratificado en la Secretaría de Seguridad.
Resulta que el actual gobernador de Tabasco, Javier May, lo destituyó, ante rumores de que estaba coludido con la delincuencia.
La DEA fue más precisa al asegurar que Bermúdez Requena forma parte del grupo criminal de “La Barredora”.
El responsable de la violencia en Tabasco y Chiapas, protegido de Morena.
También aparece la relación de Adán Augusto, Manuel Bartlett, el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal y Francisco Javier Cabeza de Vaca, y no podía faltar el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha.
La Administración de Donald Trump ya le echó el ojo a los políticos morenistas que protegen a la delincuencia y que fueron solapados por AMLO y su política de los abrazos y no balazos.
Todos ellos representan la herencia de corrupción que recibió la presidenta Claudia Sheinbaum, hoy presionada por los morenistas radicales de López Obrador.
Morena trata de evitar el efecto dominó. Sabe que al caer alguna pieza de narcopolíticos, caerían todas las demás.
Veremos cuánto aguanta la presión de Estados Unidos a nuestro país. Veremos.






