La peor herencia del presidente López Obrador es la inseguridad, esa que amenaza la elección del próximo domingo 2 de junio.

Sí, en la memoria histórica nuestra sigue retumbando el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas.

Pero nunca, nunca antes habíamos vivido el asesinato de candidatos y candidatas de uno y otro partido político, las amenazas y los atentados.

¿Está garantizada la seguridad de los candidatos?

Fuera de Coahuila, donde una candidata en San Pedro pidió seguridad por amenazas del candidato de Morena, las campañas políticas han transcurrido seguras y en orden.

Pero en el Estado de México, Guerrero, Zacatecas, Nuevo León, Michoacán y Tamaulipas, la cosa está que arde.

Ni el Gobierno federal, ni el Instituto Nacional Electoral se muestran preocupados y menos ocupados, lo que pudiera detonar en una elección violenta el domingo 2 de junio.

Y, al parecer, al presidente López Obrador no le interesa garantizar la paz electoral.

En la mañanera ha minimizado la violencia electoral, y eso refleja que su Gobierno ha sido superado por el crimen organizado.

Peligroso al extremo tratándose de la elección más importante en la historia política del país.

Elegir presidenta, senadores, diputados federales y alcaldes en Coahuila es un compromiso de alta dimensión y la seguridad es prioritaria para garantizar la participación de los electores.

Aquí sí sentimos esa seguridad, pero en otros estados no, y eso puede ser la antesala de una elección violenta que nadie quiere.