De plano las tribus de Morena en Coahuila muestran el cobre.

Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum aborda temas delicados como la reforma al Poder Judicial o proyecta la nueva relación con Donald Trump, aquí andan agarrados de la greña.

De plano no dan muestras de unidad y se enfrascan por el control político, sin medir la percepción de inestabilidad que generan entre sus seguidores.

No les importa nada, sino aplastar a sus adversarios y enviar el mensaje de control político, sin importar el saldo negativo.

Las tribus de Cecilia Guadiana y de Luis Fernando Salazar, ambos senadores, están enfrentadas sin posibilidad de acuerdos.

Y el ejemplo es lo que sucederá hoy domingo con la disputa de un cargo menor, como es la presidencia del Consejo Estatal de Morena.

Cecilia apoya a Jonathan Ávalos y Luis Fernando Salazar a Antonio Attolini.

Al parecer la línea es que no hay línea y los grupos están polarizados, divididos, enfrentados.

De seguro desde la dirigencia nacional Luisa María Alcalde los tiene ya bien medidos.

Cada grupo busca su beneficio, sin importar consecuencias, tal y como lo hizo su adversario común: Ricardo Mejía.

En la búsqueda del control y el poder, hoy hacen lo mismo: dividir y golpear.

En el análisis de fondo, ambos grupos llegaron al Senado al treparse a la ola de la hoy presidenta Sheinbaum.

Sin embargo, esa realidad se les ha olvidado muy pronto y este domingo se enfrentarán para mantener la división de los morenos y sus afanes de control, y donde la unidad no existe en su diccionario o en su manual de los quehaceres políticos.