Quemar una imagen a semejanza de la magistrada Norma Piña equivale al coraje animal del servilismo hacia la figura presidencial de Andrés Manuel López Obrador.
Y no porque sea una mujer o un hombre la figura satanizada por los fanáticos de Morena congregados en el Zócalo de la Ciudad de México, bajo el pretexto del aniversario de la Expropiación Petrolera.
Se trata de una figura encargada de impartir la justicia en un México sin justicia.
Volver vulnerable la imagen de la magistrada Norma Piña solo porque, con argumentos sólidos y democráticos, estuvo en contra del Plan B para doblar al INE, establece el fascismo presidencial.
O eres amigo o eres enemigo, dicta la sentencia real que, en cada Mañanera, se vuelve mentira con el clásico “no son mis enemigos, son mis adversarios”, al referirse a sus opositores.
Ahora, acompañado de quejas, la imagen de la ministra Piña se acompañó con la amenaza: “hagan lo que hagan, no van a ganar”.
Es decir, si no ganas otra vez la presidencia, la arrebatas.
Quemar la figura de la ministra Piña, quien, digna por el poder de hacer justicia que representa, no se paró de su asiento para recibir a AMLO, es síntoma de nerviosismo, pero más significa un adelanto de que AMLO no está dispuesto a respetar a la democracia que lo llevó al poder.
Y eso, pase lo que pase, pese lo que pese.







