Oportunista a más no poder, el llamado obispo emérito, Raúl Vera, prefirió irse a la Ciudad de México en busca de reflectores; protagónico como siempre.

Este domingo se cumplieron 17 años de la tragedia donde 65 mineros perdieron la vida en la mina Pasta de Conchos.

Grupo México, propietario de la mina, sigue explotando vidas y carbón, sin que los gobiernos federales en cadenita y sin importar filiación política, los metan en cintura y garanticen más sueldo, prestaciones, servicios médicos y otros derechos para quienes todos los días se juegan la vida en la profundidad de las minas de nuestra región Carbonífera.

Los accidentes van a seguir, el último fue en El Pinabete y ahí siguen enterrados los 10 cuerpos de los mineros.

Al respecto, el presidente López Obrador, como Peña, Fox y sus antecesores, no se cansa de echar mentiras sobre la recuperación de los cuerpos, y nada.

En las tragedias de las últimas dos décadas, los familiares de las víctimas han recibido dinero que, por su puesto, nunca será suficiente para soportar el dolor de sus pérdidas.

Y ahí aparece nuestro obispo, siempre dispuesto al protagonismo. No estuvo con las viudas en Pasta de Conchos oficiando alguna misa, prefirió irse a la Ciudad de México para buscar reflectores y aparecer como el gran defensor de los derechos humanos que nunca lo ha sido, ni lo será.

Como tampoco será el gran defensor de los derechos de niños y niñas abusados sexualmente por curas enfermos de la mente, desviados y que se aprovechan de la palabra de Dios.

Raúl Vera nunca obtendrá su ansiado premio Nobel de la Paz, pero sí recibirá, al menos en Coahuila, su premio al protagonismo puro, su premio por su constante asistencia a los bares a echar cerveza y vino con su amiga Jackie Campbell, no sé si así se escribe su apellido, pero para el caso de lo mismo.

La gracia para Coahuila es que ahora el obispo Hilario González sí se ocupa de la palabra de Dios; la desgracia son los años en que el oportunista del monseñor Vera convirtió los púlpitos en lugares para condenar políticos y utilizó, y utiliza, el dinero de la iglesia católica en sus viajes a todas partes, siempre protagónico y siempre olvidado de ayudar a la gente que realmente lo necesita. Amén.