Junto a la unidad, el sentido institucional y el trabajo de campo, junto a las y los ciudadanos, los priistas de Coahuila tienen resultados de éxito en su gobernador Manolo Jiménez, sus alcaldes, senadores, diputados federales y legisladores locales.
Y esa constancia y esa disciplina tienen ahora un solo objetivo: el carro completo en la elección del domingo 7 de junio del año próximo, la renovación del Congreso estatal.
Todos es todos en los acuerdos, todos es todos en ampliar sus estructuras, todos es todos en seleccionar a las y a los mejores candidatos.
Se siente el liderazgo de Manolo Jiménez, quien fraguó su camino político en las urnas con votos de ciudadanos a los que convence con resultados para que vivan mejor.
Del tres al dos como el estado más seguro en el país y el más seguro en el norte, con mejor salud y educación, más inversiones y más empleos, como algunos de los activos que lo llevan al mandatario mejor calificado por el implacable jurado que son los ciudadanos.
Por eso, en lo político, los priistas han borrado a la oposición en el estado.
Una oposición dividida, con profundo desconocimiento del interés y, lo peor, de las necesidades y el sentir de los ciudadanos.
Una oposición que ya se distingue como la más corrupta de la historia, con más de 170 mil millones de pesos de robo a la nación por huachicol fiscal y lo que falta de más corrupción y más impunidad morenista, encabezada por Andrés López Obrador.
Si nada más echarle un vistazo, en Coahuila casi 937 mil ciudadanos reciben algún tipo de apoyo económico de los Programas del Bienestar.
Y, en lo político, Morena es incapaz de sumarlos por su incompetencia.
Cómo no, si son todo lo contrario a los priistas y saben que, donde están, se lo deben al efecto político nacional que en Coahuila se topa con el trabajo que no hacen, por andar en el turismo y la incapacidad.
Lo de siempre, no hay progreso, porque nada les ha costado.







