La fuerza política del presidente López Obrador-Morena demanda una oposición en Coahuila donde la alianza PRI-PAN-PRD rompa paradigmas, orgullos, egoísmos, filias y fobias y antiguos pleitos, además de fijar interlocutores de valor y no de burla, por sus oscuros antecedentes.

¿Lo podrán hacer? O la alianza se quedará en las cúpulas, mientras los militantes se van de un lado para el otro, de acuerdo a sus lecturas de las campañas políticas en las que habrá de privilegiar la guerra sucia, por encima de las propuestas de desarrollo y de bienestar social.

La Alianza tiene la palabra y podrá hacer valer su peso político, si asume que los electores piensan su voto y nunca como ahora saldrán a votar el domingo cuatro de junio.

Si antes elegir un gobernador generaba efervescencia entre los electores, lo que viene provocará más que eso, mucho más.

Y es que Morena buscará enviar mensajes de poder, previo a la elección presidencial, desterrando al PRI al pretender quedarse con Coahuila -el Estado de México ya lo entregaron Alejandro Moreno y Rubén- y la alianza buscará enviar el mensaje nacional de resistencia como ya ocurrió en Durango, con su enorme triunfo.

De ahí parte la necesidad de hacer a un lado a los interlocutores quemados por su historia y provocar una nueva ola de consciencia política ligada a los activos que ya tiene su virtual líder, Manolo Jiménez.

No hacerlo y usar más de lo mismo, con los mismos, será morder el anzuelo y terminar en el platillo, sazonado con salsa guinda.