Ciudad de México.- Chalco, en el Estado de México, enfrenta una situación crítica con más de 21 días de inundaciones bajo aguas negras. Los residentes, atrapados en sus hogares, especialmente en los segundos pisos, sufren no solo por la pérdida de sus pertenencias, sino también por el riesgo creciente de infecciones. A pesar de los esfuerzos de las autoridades para entregar suministros y brindar apoyo, la población denuncia que la inundación no cede y las condiciones de vida se vuelven cada vez más insostenibles.
La desesperación es palpable entre los habitantes. Juan Pablo, un residente de Chalco desde hace décadas, expresa su frustración al no poder realizar actividades básicas como dormir, cocinar o bañarse. A pesar de la presencia de más de 400 elementos del gobierno, incluyendo al Ejército, la Marina y la policía, el problema persiste. El olor fétido y la acumulación de basura en la zona agravan aún más la situación, mientras la falta de una solución real mantiene a la comunidad en un estado de incertidumbre y angustia.
El impacto de las inundaciones se extiende también a los negocios y las escuelas, que han tenido que cerrar o retrasar su funcionamiento. La directora del Kinder Paulo Freiré, María Luisa Molina, reconoce que el problema de la filtración de agua hace imposible el regreso a clases. Además, se ha descubierto que algunos negocios locales han contribuido a la situación al arrojar desechos irresponsablemente en las coladeras, lo que ha empeorado la crisis. Sin una solución clara a la vista, la comunidad de Chalco sigue enfrentando un desafío monumental.







