Hablar de Alejandro González Iñarritu es abordar a uno de los directores mexicanos con una trayectoria larga con cintas que han demostrado que el cine también puede abordar historias no lineales con propuestas cercanas al espectador, pero con un toque distinto que pasea entre la pretensión y la profundidad, cosa que es sumamente criticable, pero jamás podría ser ignorada.
Así llegamos a Bardo: Falsa Crónica de unas Cuantas Verdades, séptimo largometraje del cineasta que trata de abordar tantos temas como puede en distintos vértices que en realidad hacen complicado saber por donde entrar a la película, mezclando una autobiografía surrealista con tintes históricos de México y una crítica a la sociedad actual que a la vez aborda temas familiares y socioculturales. Una estampa que resulta en un viaje confuso pero visualmente disfrutable. La cinta nos cuenta la historia de Silverio, un periodista y documentalista mexicano que recibirá un premio por su trayectoria en Estados Unidos.
Nuestro protagonista lucha con su pasado y su futuro mientras trata de caminar de nuevo su historia para encontrar el significado real de su vida, del país que lo vio nacer y de la gente que lo rodea, dejando a su paso varias lecciones desde su óptica y relatando una historia agridulce donde su propia percepción y la de la gente que lo rodea no sabe como empatarse.
Con una gran cantidad de figuras retóricas que van desde la metáfora, la hipérbole y la aliteración, la historia trata de avanzar sin dar muchas explicaciones explícitas de lo que está sucediendo, dejando que el público interprete algunas acciones mientras amarra algunos momentos de forma enrevesada, haciendo que las tres horas de la producción coloquen parte de los relatos por separado como piezas de rompecabezas que tal vez puedan ser más atractivas unas que otro en el fondo.
Las actuaciones de Manuel Jiménez Cacho, Griselda Siciliani, Andrés Almeida y Mar Carrera en realidad generan una empatía necesaria para aguantar las casi tres horas de duración, y aunque la fotografía y el nivel de producción sí logran proezas plausibles, el guion cae en algunos lugares comunes y obvios que se sienten como una excusa para demostrar que el director sabe de lo que está hablando.
Llegados a este punto habría que detenernos a pensar en la forma de la cinta, la manera de tratar de contar una historia propia que busca conectar con la historia de todos, cuestión que quizás raya mucho más en el ego y la demostración vana que con un verdadero interés de generar ideas, lo que nos hace sentir que tal vez este no es el mejor momento para contar esta clase de historias cuando el mundo está pidiendo otra clase de guiones.
Ahora bien, tampoco es que la trama sea una oda al narcisismo, pero sí parece que tanto la crítica social como la crítica propia que destaca Iñarritu es un poco superficial y es utilizada únicamente para destacar que puede hablar en contra de todo, y de sí mismo, sin rodeos, funcionando más como una carta dirigida a su figura antes de tratar de encajar en el mundo del cine.
El tono de la cinta y la unidad argumental tratan de establecer convenciones que, si no prestas suficiente atención o en verdad no te interesa lo que pasa en pantalla, difícilmente aguantarás sin pestañear, pero si logras conectar con algunos momentos lo más probable es que destaques algunas escenas como punto focal de la producción. Un bardo era una persona que contaba historias a los pueblos y viajaba de lugar en lugar llevando sus palabras para entretener a las masas, considerar que el director se ve como un bardo no es del todo descabellado, aunque insisto, sí es un tanto pretencioso y es un mote que no debería adjudicarse una persona por cuenta propia.
La película guarda una relación íntima con México y a la vez con la historia del autor, muy similar a lo que vimos en La Danza de la Realidad de Alejandro Jodorowsky, solo que en Bardo es mucho más amplio el espectro que el director busca abarcar, pero quizás no termine de funcionar para todos, como sucedió en el Festival de Cine de Venecia.
Si te gusta el cine un tanto abstracto y estás dispuesto a ver sentarte tres horas a ver la cinta, Bardo definitivamente es para ti, pero si el trabajo del director jamás te ha gustado, ver esta cinta solo te hará reafirmar que en forma es espectacular, pero el fondo te seguirá pareciendo pretencioso y pedante para la mayoría del público.
Si a todo lo dicho le sumamos las declaraciones de Iñarritu sobre la película, creo que es de esas producciones que dividirán muchísimo a la gente y será amada u odiada, en lo personal me parece que no es un producto cancelable, aunque entiendo que no sea bien aceptada y muestre una cantidad grande de cliché de cine espanta tontos, pero sí resulta una experiencia digna de ver.
Calificación: 8.5







