Ciudad de México.- El Congreso de la Unión se alista para recibir la iniciativa de reducción de jornada laboral, que será presentada esta semana por la presidencia federal. La propuesta llega tras un trabajo técnico previo entre comisiones legislativas, sindicatos y representantes empresariales, y plantea retomar proyectos que quedaron pendientes en mesas anteriores. Entre los puntos centrales se encuentra el análisis de esquemas diferenciados para sectores con dinámicas particulares, como el primario, el transporte, la manufactura continua y negocios con menos de diez empleados.
El proyecto establece una transición en cinco etapas que iniciará en 2026 y culminará en 2030 con la jornada de 40 horas semanales. El calendario sugiere ajustes escalonados: 46 horas en 2026, 44 en 2027, 42 en 2028, 41 en 2029 y 40 en 2030, con la primera modificación prevista para el 1 de mayo de 2026. La gradualidad busca evitar impactos operativos y económicos, sobre todo en empresas con horarios extendidos. Paralelamente, sectores como manufactura y ventas ya preparan pruebas piloto, mientras especialistas advierten que las mipymes enfrentarán los mayores retos por su estructura laboral limitada, lo que podría traducirse en recortes de operación, aumentos de plantilla o mayor informalidad.
El debate legislativo contempla modelos de horario como jornadas de cinco días de ocho horas, esquemas comprimidos y turnos escalonados para sectores de atención al público. También se estudian apoyos para pequeñas empresas mediante incentivos fiscales, asesoría técnica y una implementación flexible que permita adaptaciones según tamaño y actividad económica. Organismos especializados proyectan beneficios en productividad, bienestar y permanencia laboral, aunque señalan que el resultado dependerá del nivel de organización interna de cada centro de trabajo. La reforma representa uno de los cambios laborales más relevantes en décadas y coloca a México en un proceso que organismos internacionales impulsan desde hace casi un siglo.







