La elección de delegados de Morena es un intento de organización que no es virtud del partido.
En términos partidistas, Morena nunca está sólido en sus estructuras y militantes, pero gana elecciones por la marca que le da vida: Andrés Manuel López Obrador.
Cada que deciden dirigente estatal, salen las tribus divididas y lo desconocen. De ahí que Diego del Bosque fue electo por designación, para calmar las ansias de poder de los distintos grupos morenistas.
Ahora en la designación de delegados es igual. El reto morenista es la unidad y se ve muy difícil lograrlo. Y mire lo que sucede ahorita en la designación del titular del comité de defensa de la 4T y quien será candidato a gobernador del estado. Todos contra todos.
En contraste, los priistas están ya sumados a Manolo Jiménez. Riquelme ha tejido fino, incluso, no solo para sumar al PRD y al PAN, sino para que la UDC, Movimiento Ciudadano y hasta el Partido Verde, se unan al PRI o bien vayan con candidato por su cuenta y le quiten votos a Morena, sea quien sea el candidato.
El 4 de junio será la elección histórica de Coahuila. El presidente de la República contra el gobernador de Coahuila. López Obrador contra Miguel Riquelme. PRI, hoy Morena, contra el PRI renovado en términos generacionales.
Todo empezará en las campañas del 4 de abril al 31 de mayo. Antes solo quedará la incógnita de quién será el candidato de Morena. Las opciones: Guadiana, Mejía o Salazar. En el PRI la ruta nunca ha cambiado; es Manolo Jiménez quien crece como secretario de Inclusión y Desarrollo Social y tiene como prueba superada, su eficiente trabajo como alcalde de Saltillo.






