El Partido Acción Nacional, si quiere mantenerse, debe ir en alianza con el PRI para la elección de gobernador del próximo 4 de junio. No hacerlo lo llevaría a ocupar el tercer o hasta cuarto lugar en las preferencias electorales.

No es fácil quedarse callado ante lo que antes denunciaste como fallas históricas del PRI; pero si la tirada es vencer al partido del presidente López Obrador, no hay otra que cerrar filas en torno a Manolo Jiménez.

Y digo Manolo porque no hay otro priista que pueda enfrentar a cualquiera que sea el candidato de Morena.
Ni un Eduardo Olmos, Jericó o el que me diga, tiene la exposición estatal y sobre todo los buenos resultados que dio Manolo como alcalde de Saltillo.

Por eso, el primer priista, Miguel Riquelme, no ha dudado y mantiene a Manolo como secretario de Inclusión y Desarrollo Social.

Sí, habrá traiciones en la elección y serán en ambos bandos; en el PRI y en Morena. Habrá campañas negras de uno y otro lado, pero el elector habrá de privilegiar cuál de los aspirantes le garantiza empleo, seguridad y en general mayor bienestar social.

La elección del 4 de junio será la batalla histórica porque se reduce a una contienda entre el gobernador Riquelme y el presidente López Obrador.

Los pasivos del PRI ya están detectados, como también los de Morena; aún y cuando no tiene candidato, todavía.
El recorrido electoral será muy competido y el PRI deberá ganar por más de 100 mil votos, como sucedió en Durango. Caso contrario, Morena tiende a judicializar los resultados y argumentar fraudes electorales para denostar al Instituto Nacional Electoral.

También lo hará con los institutos electorales del estado, para concentrar el poder y copar al árbitro electoral y, como antes, centralizar y dejar sin movimiento a los estados.