La intensa ola de calor que ya provocó la muerte de tres personas, según datos oficiales de la Secretaría de Salud, dejó al descubierto lo vulnerable que son los sistemas encargados de suministrar agua.

Con temperaturas de hasta 45 grados centígrados, tronó la Comisión Federal de Electricidad por la mayor demanda, producto de los aparatos de refrigeración y, en el mayor de los casos, de los ventiladores.

Pero al mismo tiempo, los apagones colapsaron las bombas de agua en Torreón, Matamoros, Monclova, Parras, Sabinas, Múzquiz, San Pedro, Acuña y Piedras Negras.

En Saltillo, AGSAL trabajó a marchas forzadas y se reportaron colonias populares sin agua y otras con baja presión; igual sucedió en Ramos Arizpe.

Según los meteorólogos especializados, las tres olas de calor que entraron antes del verano serán recurrentes por fenómenos acarreados al maltrato hacia el medio ambiente, el avance indiscriminado a la industrialización y el casi nulo cuidado de las áreas verdes.

Es una realidad que apostarles a las lluvias es pecar de ignorantes y mediocres.

Es urgente las acciones integrales de almacenamiento de agua producto de las lluvias, cada vez más escasas, invertir los recursos que sean necesarios para reducir las fugas y políticas públicas de cuidado, aprovechamiento y uso adecuado del agua, además de reducir las emanaciones de gases de la industria y fortalecer el cuidado, la conservación y la ampliación de las áreas verdes

Caso contrario, y apostarle solo a la temporada de lluvias, nos llevará a la crisis que ya viven los habitantes de Nuevo León.

Lo que hoy vivimos no es algo normal, no se trata de calores que no regresarán, por el contrario, serán recurrentes por nuestro descuido y la ambición industrial, por encima de nuestras zonas verdes que no acabamos de entender que nos dan vida.