Nuestro presidente López Obrador le tiene miedo a dos personajes de la política. Miedo ancestral a Carlos Salinas de Gortari y miedo moderno a Ricardo Anaya.
El nombre Carlos Salinas no se escapa, de a tiro por viaje, en sus críticas al pasado y no duerme al escuchar el nombre de Ricardo Anaya, a quien venció en las urnas, pero nunca en los debates presidenciales.
Lo venció en las urnas por 18 millones de votos, pero le ganó por el hartazgo hacia los presidentes del PRI y del PAN y no por el propio Ricardo Anaya.
A Salinas lo enfrenta con personajes a los que llama salinistas, pero a Ricardo Anaya lo enfrenta con acusaciones para ligarlo a un proceso penal. Sabedor, porque eso se siente, que es el único que lo puede sacar de la presidencia de la república, como candidato de la alianza PAN-PRI, más los que se acumulen.
Anaya es su coco, y lo demostró en los debates presidenciales en los que el ganador fue el panista, que ahora anuncia su exilio voluntario y acusa al presidente López Obrador de tejer historias para meterlo a la cárcel.
La respuesta de AMLO llegó pronto: el que nada debe, nada teme. Solo que su gobierno autoritario, igual que los anteriores del PRI y del PAN, también inventan delitos con tal de llevar a sus detractores a la cárcel.
Ricardo Anaya lo sabe y por ahora se retira de la pelea, sabedor de que nunca debes enfrentar una guerra, si no estás en condiciones de ganarla.
Creo, regresará, en un escenario futuro, donde podrá unir a las fuerzas políticas partidistas, y no contra el sistema presidencial de la llamada cuarta transformación, que para bien, no ha transformado nada. Un 23 por ciento de nuestra población está vacunada contra el covid y 19 millones de vacunas se echaron a perder por no aplicarse a tiempo.
¿Quiere más ejemplos de ineficacia?






