Generaciones de mexicanos han contribuido al sistema democrático que hoy tenemos para elegir de manera libre y secreta a nuestros gobernantes.
Valorarlo significa acudir a votar, no valorarlo representa un agravio a las vidas que se han perdido en aras de la democracia que hoy tenemos.
Y son válidas las comparaciones y es necesaria la referencia a países como Cuba, Venezuela o Bolivia, donde las autoridades comunistas han denegado la libertad de elegir y se asumen como regímenes totalitarios.
Y sus ciudadanos son objeto de constante represión, se acabó su libertad.
Esa misma que aún tenemos para elegir sin presiones.
En nuestro Coahuila, el gobernador Manolo Jiménez promueve esa libertad de participación, al tiempo de garantizar elecciones tranquilas, mediante dispositivos de seguridad que en otros estados son vulnerados y que condicionan la libertad de votar.
Hoy elegimos presidenta o presidente de la República, dos senadores de mayoría y uno de representación proporcional, ocho diputados federales y 38 alcaldes.
Todo está dispuesto para cumplir con nuestra obligación ciudadana, con la entera libertad y la tranquilidad de una jornada ajustada a la democracia.
La civilidad política de aceptar derrotas electorales corresponde a los candidatos de los diversos partidos.
Los ciudadanos estamos atentos para evaluarlos, una vez conocidos los resultados.
El reto a vencer se llama abstencionismo y todas y todos tenemos la obligación cívica de demostrar que Coahuila es ejemplo nacional de participación en esta, la elección más importante en la historia política de nuestro país.






