Junto a la imagen de Judas, por traidor, Shamir Fernández le suma ahora la del miedo que genera entre los habitantes de Torreón por el regreso de la violencia a la que hace alusión en sus espectaculares.

Primero, y después de traicionar al PRI, colocó a su esposa Pily como candidata a diputada local por el Distrito 10 y perdió. Luego, la impuso como suplente de la candidata al Senado Cecilia Guadiana.

Ambos actos le han generado el repudio entre los verdaderos morenistas laguneros que lo califican de oportunista.

Ahora, y ya como candidato a alcalde por Morena, y en otro de sus actos anticipados de campaña (inician el 31 de marzo), colocó espectaculares por todo Torreón, pero en dos de ellos incita al miedo y hace alusión al regreso de los tiempos de violencia.

Sin duda, sus asesores de imagen no son de Coahuila y menos entienden el sentimiento de rechazo hacia la inseguridad.

Lógico que tampoco entienden la sensación de bienestar social que ha generado en Torreón y en todo Coahuila los excelentes resultados en materia de seguridad de los gobiernos estatal y de los municipales, en este caso el de Torreón.

Shamir se equivocó, porque ahora lo asocian con el regreso de la violencia que nadie quiere y todos rechazan. Y esa equivocación le costará cara en las urnas, porque los electores perciben en el actual alcalde que busca la reelección a un político serio, trabajador y comprometido con la seguridad.

Sí, Román Alberto Cepeda, que ya llevaba una gran ventaja, ahora con esta ocurrencia de sus espectaculares alusivos a la violencia tiene en Shamir como un oponente a modo por su trayectoria de deslealtades y sus supuestas ligas peligrosas.

Porque si se fija muy bien, Shamir, en su conferencia de prensa, asumió la pose de la aparente indignación por la supuesta guerra sucia, pero nunca desmintió lo que dicen esos espectaculares. Ya el rechazo hacia Shamir de los habitantes de Torreón se ve y se siente.