La mayor satisfacción de un político es (terminado el encargo público) salir a las calles solo, sin guaruras, y que ‘la gente te salude agradecida’, decía don Óscar Flores Tapia y tiene razón.
Otro ejemplo es Enrique Martínez y Martínez, ex gobernador del estado, ex secretario de agricultura, ex embajador de México en Cuba y, a los 26 años, el alcalde más joven que ha tenido Saltillo, le sigue Manolo Jiménez.
Lo ves manejando su “Jeep”, caminar por las calles y visitar sus negocios, con la sencillez de un verdadero político que dice estar retirado de la vida pública.
Cierto, ya no ambiciona más cargos públicos, pero mantiene la influencia de su grupo político, siempre vigente y, si no, ahí está José María Frausto Siller, alcalde electo de Saltillo y Román Alberto Cepeda, en Torreón.
Pero, a pesar de su fortaleza política y económica, Enrique procura a sus amigos de infancia y convive con ellos, en una bohemia, con la sencillez de los grandes.
Cuanta razón tenía Don Óscar flores Tapia y Don Braulio Fernández Aguirre, la mejor satisfacción de un político es salir a las calles, sin ser señalado, sin ser increpado por la sociedad lastimada.
Enrique Martínez y Martínez ya le dejó ese legado a su familia, como la mejor y más pura herencia de un político fuerte.






