Durante años hemos hablado —con razón— de la importancia de proteger a niñas, niños y adolescentes en las aulas. Pero hay una realidad lacerante que ya no podemos ignorar: los maestras y maestros también sufren violencia, acoso y agresiones.

Insultos, amenazas, linchamiento en redes sociales y, en casos extremos, agresiones físicas, se han vuelto experiencias frecuentes. Lo más alarmante es que, en ocasiones, estas conductas provienen no solo de estudiantes, sino también de madres y padres de familia. ¿Qué mensaje transmitimos cuando normalizamos estas conductas frente a quienes forman a nuestras hijas e hijos?

Cuidar a quienes enseñan no compite con el interés superior de la niñez: lo fortalece. No puede haber educación de calidad en un entorno de miedo o desprotección. La escuela debe ser un espacio de respeto, diálogo y reglas claras para todas y todos.

Por ello impulsé la Ley PROTEM, una propuesta construida con la comunidad educativa, que busca proteger la integridad del magisterio sin encubrir faltas ni limitar el derecho a denunciar. Plantea procedimientos justos, con debido proceso, que den certeza a familias y docentes.

Esta iniciativa merece discutirse con altura de miras entre todas las fuerzas políticas. La educación debe unirnos. Si logramos acuerdos y su aprobación, estaremos dando un paso firme para que nuestras escuelas sean espacios de paz, aprendizaje y formación en valores.

Defender a las y los maestros es una apuesta por un futuro mejor para Coahuila.