Ciudad de México.- Las autoridades de México y Estados Unidos enfrentan un nuevo desafío en la lucha contra el crimen organizado: la proliferación de «ghost guns», armas fantasmas fabricadas con impresoras caseras 3D. Decenas de individuos vinculados a los cárteles han sido detenidos en ambos países, elaborando o comercializando estas armas. La ausencia de números de serie y la dificultad para rastrear su origen complican los esfuerzos de las autoridades para contener esta tendencia creciente.

Desde 2017, el Departamento de Justicia de EE. UU. había advertido sobre la posibilidad de que el crimen organizado adoptara la fabricación aditiva de armas. Sin embargo, fue hasta la publicación del informe National Drug Threat Assessment 2024 de la DEA cuando se confirmó la presencia de estas armas en manos de pandilleros y traficantes vinculados a los cárteles mexicanos. El documento reveló que, en algunos lugares, más del 10% de las armas recuperadas por las autoridades eran armas fantasmas.

En un escenario donde la tecnología se convierte en un aliado de la delincuencia, la preocupación se extiende más allá de las fronteras. A pesar de los esfuerzos por regular la distribución de diseños de armas de fuego de código abierto, las preocupaciones persisten debido a la accesibilidad y facilidad con la que estos archivos pueden ser descargados y utilizados por cualquier individuo, como señala el Instituto Nacional de Justicia del departamento de Justicia de Estados Unidos.