Ciudad de México.- La calma parece haber regresado a Irán tras semanas de intensas protestas, aunque la seguridad se mantiene reforzada en las principales ciudades, especialmente en Teherán, donde se aplica un toque de queda no oficial y se realizan operativos para confiscar antenas satelitales asociadas a Starlink. A pesar de la estabilidad aparente, el sistema político atraviesa una crisis profunda que podría volverse insostenible a mediano plazo. Desde el inicio de las movilizaciones, se han registrado miles de detenciones y un número considerable de muertos, mientras empresarios que apoyaron huelgas o manifestaciones han visto sus negocios confiscados.

El liderazgo del país ha adoptado medidas represivas para controlar las protestas. Aunque el presidente permitió inicialmente que las movilizaciones se extendieran, la intervención directa del líder supremo fortaleció la represión, con manifestantes calificados como enemigos del estado. Al mismo tiempo, crecen las críticas dentro del propio régimen, con clérigos e intelectuales reformistas alertando sobre los riesgos de una represión sostenida y la necesidad de reformas políticas que eviten cambios más drásticos en el futuro.

Analistas señalan que, pese al control del régimen, existen debates sobre posibles reconfiguraciones del poder que reduzcan la influencia del clero y fortalezcan instituciones estatales como el Parlamento y la Presidencia. La lealtad de las fuerzas armadas también genera incertidumbre, mientras que la presión internacional, especialmente desde Estados Unidos, añade un elemento de tensión regional. El líder supremo mantiene su poder respaldado por sectores conservadores, pero la percepción de que el país podría acercarse a un punto de inflexión histórico sigue en aumento.