Lo fundamental, no es cómo se llega al poder, sino cómo se sale, cómo se entrega el cargo. Así lo dijo don Braulio Fernández Aguirre quien gobernó nuestro estado de 1963 a 1969. Quien como gobernante, presidente, gobernador, alcalde y demás cargos públicos, hace bien las cosas, puede salir a las calles sin guaruras, como cualquier ciudadano que no le tema a nada ni a nadie.

Opinión | El espectáculo del PRI

Una vez conseguí entrevistar a don Oscar Flores Tapia. Fui a su casa y lo esperé a que despertara de su siesta. Puede levantarse de buenas o de malas, me advirtió su ayudante. 

Y salió don Oscar, aquel hombre alto, robusto y de mirada tirante y tono de voz amenazante, pero se levantó de buenas, ‘de guenas’ dirían en el campo. Me pidió que lo acompañara al súper de compras y durante el trayecto me entrevistó.

Ya en Soriana de Coss me pidió llevara el carrito y escogió sopas, azúcar y luego hizo una pausa y me dijo “¿Me preguntaste qué cuál es la mayor satisfacción de haber gobernado Coahuila?”. 

Ya tienes la respuesta, ando de compras y la gente me saluda todo el tiempo y, si, a cada rato don Oscar respondía a los saludos con un Gracias. Ando solo en las calles sometido al juicio popular y eso quiere decir que hice bien las cosas.
 

Opinión | Somos, seguimos siendo 

Aquellos políticos que no pueden andar por las calles sin guaruras o que, de plano, se van del lugar que gobernaron o se esconden, tienen miedo de reclamos, porque robaron a sus ciudadanos.  Tenía razón don Braulio quien todos los días caminaba de su casa hasta su despacho de gobierno y, al terminar, transitó por las calles como don Oscar Flores Tapia. El pueblo juzga, premia o castiga.