Puebla.- Alumnas de Puebla vivieron un infierno debido a que han sido acosadas e incluso abusadas sexualmente por Miguel «N», un alumno protegido por la Ibero Puebla y que este año se graduó de la licenciatura de Ciencias Políticas y Administración Pública
Las alumnas, quienes se enteraron que fueron ignoradas hace dos semanas, cuando vieron la foto de Miguel «N» en las redes sociales oficiales de la escuela, celebrando su graduación, exigen la reparación del daño y acusan que, tras levantar la voz, después de la graduación de Miguel, ni la institución ni el rector Mario Patrón Sánchez se han puesto en contacto con ellas para atender la situación que se viralizó.
Tres de las víctimas sufrieron violación y lo denunciaron ante la universidad, que prometió expulsar al alumno y vetarlo para que no ingresara a ninguna institución por lo menos tres años. Sin embargo, antes de cerrar este acuerdo, les advirtió, a manera de amenaza, que si era así no podrían responsabilizarse de su seguridad. Les infundieron miedo.
Con ellas atemorizadas, ofrecieron un segundo arreglo que nunca se cumplió, este constaba en darle la oportunidad a Miguel de culminar la carrera con la condición de que le quitarían la Beca Pedro Arrupe; esto hubiera significado que no le pagarían el título y dejaría de obtener los beneficios de gastos médicos, apoyo alimentario, acceso a los talleres de formación integral de manera gratuita.
Debía terminar sus estudios a distancia, desde Chiapas, trabajar en su masculinidad acudiendo con un psiquiatra y perdería el derecho de asistir a la ceremonia de graduación.
Además, la Ibero se comprometió a notificar de los casos de acoso a las asociaciones civiles en las que Miguel formaba parte, para que tomarán las medidas necesarias y se aseguraran de que no se replicarán los actos de violencia, sin embargo no ocurrió.
Por otro lado, les ofrecieron a las víctimas un espacio en Villas de la universidad, para que pudieran vivir de manera gratuita y estuvieran seguras, esto por solo cinco meses.
A base de engaños y notablemente dirigidas, aceptaron la segunda opción; sin embargo, el alumno continúo asistiendo a la institución y viajando al estado en reiteradas ocasiones, sin que la Ibero tomara cartas en el asunto, pues pretextaron que “era una forma de tener control sobre él”.
En primera instancia, Paola y ocho víctimas más juntaron los testimonios para entregarlos a la Procuraduría de Derechos Universitarios de la Ibero.
Algo en común las agredidas es que son mujeres indígenas que se encontraban en situaciones vulnerables y pertenecían a grupos de becados de la Ibero.
En la firma del acuerdo acudieron solo cinco víctimas y descartaron el arreglo de que fuera expulsado, después de la advertencia de la universidad de que no se harían cargo de su “seguridad”.
Señalaron que no denunciaron ante la Fiscalía General del Estado (FGE) porque al ser indígenas no tenían los medios monetarios, ni jurídicos para hacerlo. En este sentido la Ibero nunca les externó el apoyo para que realizaran una denuncia penal en contra de Miguel, ni les expresó que podían hacerlo, es decir prefirieron mantener el abuso como un asunto interno.
Por otro lado, decidieron no denunciar por miedo, ya que el hombre les expresó que tenían contactos con personas del crimen organizado, que tenía relaciones estrechas que podían ayudarlo y les mostró fotografías donde portaba armas largas.
Actualmente las víctimas exigen a la universidad que las atienda, que no dejen sus abusos como hechos aislados y que les otorguen pruebas de que Miguel concluyó sus estudios con recursos propios y no bajo la beca. Además, que demuestren que cumplió con las sesiones para trabajar su masculinidad.
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Consideraron que antes de denunciar penalmente, es importante que reciban protección y que sea el propio rector Mario Patrón Sánchez quien las atienda personalmente, ya que las jefaturas de departamento de la Ibero las han ignorado. Con información de Sinembargo







