Rusia.- Un sistema de tortura cruel y sistemático ha sido implementado por Rusia contra prisioneros de guerra ucranianos, según revelaciones de ex guardias de prisión. Las víctimas eran sometidas a descargas eléctricas en los genitales y golpes tan violentos que las porras policiales se rompían, según testimonios recogidos por el Wall Street Journal y presentados ante la Corte Penal Internacional (CPI).
Tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022, el Kremlin habría dado instrucciones explícitas a su sistema penitenciario para actuar sin piedad contra los prisioneros de guerra. «Sean crueles, no sientan compasión por ellos», fue el mensaje que, según informes, otorgó a los guardias total impunidad para cometer actos de barbarie dentro de las cárceles rusas.
Los testimonios de ex funcionarios penitenciarios revelan que los prisioneros eran sometidos a torturas extremas, como la colocación de cables eléctricos en sus genitales hasta que las baterías de los dispositivos se agotaban. Además, los prisioneros eran golpeados constantemente, en algunos casos hasta que las porras se rompían. Los guardias experimentaban con diferentes tipos de armas para identificar cuáles causaban mayor daño.
Los prisioneros ucranianos también eran golpeados de forma repetida en la misma zona del cuerpo con el propósito de causar infecciones severas. En algunos casos, la falta de tratamiento médico intencional permitía el desarrollo de gangrena, lo que derivaba en amputaciones. Otros reclusos sufrieron envenenamiento de la sangre y putrefacción del tejido muscular, lo que en al menos un caso resultó en la muerte por sepsis.
Para encubrir estos crímenes, los guardias penitenciarios recibieron inmunidad y se les permitió apagar sus cámaras corporales y usar máscaras cuando trataban con prisioneros de guerra, impidiendo su identificación posterior.
Testimonios desgarradores
Andriy Yegorov, un soldado ucraniano de 25 años que pasó 30 meses en una prisión de la región rusa de Bryansk, relató que los guardias lo obligaban a él y a otros prisioneros a correr 100 metros por los pasillos mientras cargaban colchones sobre sus cabezas. Cada vez que pasaban junto a un guardia, eran golpeados en las costillas. Tras la carrera, los prisioneros eran forzados a hacer abdominales mientras continuaban recibiendo golpes con porras.
«Les encantó, se les podía oír reír entre ellos mientras gritábamos de dolor», dijo Yegorov, quien sufrió cinco fracturas de vértebras durante su cautiverio.
Otro prisionero de guerra, Pavel Afisov, también de 25 años, relató que fue desnudado y recibió múltiples descargas eléctricas con una pistola cuando llegó a una penitenciaría en la región de Tver. Además, fue obligado a cantar el himno nacional ruso y elogiar a Moscú y su ejército. Si se equivocaba en las palabras, era golpeado.
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Desde su liberación en octubre pasado, Afisov asegura que no ha podido dormir por temor a que su libertad sea solo un sueño. «Cada vez que finalmente confiaba lo suficiente en mí mismo para quedarme dormido, lo único que tenía eran pesadillas», confesó.
A pesar de las contundentes acusaciones y los testimonios presentados ante la CPI, el Kremlin niega cualquier irregularidad. Dmitry Peskov, portavoz del gobierno ruso, sostiene que Rusia es transparente en su trato a los prisioneros de guerra y que cualquier denuncia de tortura es «infundada»







