Existe una nueva oleada de directores que han demostrado que es posible tejer acercamientos a géneros y temáticas ya tratadas decenas de veces en el mundo del cine, pero dotándolos de una perspectiva única que genera interés y muestra una propuesta retadora ante los ojos de los espectadores. 

Tampoco se trata de encontrar el hilo negro, sabemos que todos los arcos trágicos ya han sido abordados de muchas formas, haciendo más relevante que cineastas de la talla de Robert Eggers, Jordan Peele, Ari Aster, Yorgos Lanthimos o Nicolas Winding Refn destaquen sin tratar de dar gusto a lo que las audiencias esperan de ellos, ni pensar tanto en la taquilla. 

Así llegamos a The Northman, la más reciente producción del estadounidense Robert Eggers, quien se adentra en una historia de venganza y redención ambientada en la época vikinga, presentando una historia desgarradora, violenta y grandilocuente por las más de dos horas de duración del largometraje.

El director ya había sorprendido a gran parte del mundo del cine con The Witch, ópera prima donde también participó como guionista, presentando una trama terrorífica de época que jugaba más con la psique de los personajes y se alejaba de los sustos sencillos. 

La cinta permitió ver las capacidades de diseño de producción que podía presentar Eggers, pero fue con The Lighthouse, su segundo trabajo, cuando en verdad entendimos el desenvolvimiento de premisas únicas y desoladas que podían retorcerse hasta el punto de la locura de los protagonistas. 

A pesar del reconocimiento de una gran parte de los premios más prestigiosos para ambos trabajos, el director continuó su escalada contando historias ambientadas en el pasado, que, si bien no mantienen un hilo argumental, parecen unidas por el tratamiento y tono que le da a la forma de mantener la belleza de los grandes escenarios a la par de anécdotas dolorosas y bien pensadas.

The Northman se centra en Amleth, un príncipe vikingo que tras ver morir a su padre jura venganza en contra de su tío y mantiene un mantra de vida que lo mueve hasta las últimas instancias para cumplir su cometido: vengar a su padre, salvar a su madre y matar a su tío. En el camino, Amleth conoce a Olga, una mujer que lo ayudará a llevar a cabo la venganza, pero nuestro protagonista deberá decidir si quiere mantenerse cegado por la ira y perpetuar su venganza, o ignorar las profecías y huir de su destino.

No hay necesidad de dar más vueltas, la cinta brilla por ella misma con las actuaciones estelares de Alexander Skarsgard, Ana Taylor-Joy, sumando a Nicole Kidman, Ethan Hawke, Willem Dafoe y Bjork al elenco que lleva las interpretaciones a un plano donde la entrega es evidente y converge en una experiencia más inmersiva.

El primer acto abre con la colocación temporal donde nos posicionamos como espectadores de una epopeya que explota entre paisajes sorprendentes y escenarios lúgubres, completando una fotografía muy bien cuidada de la mano de Jarin Blascheke, cinematógrafo de cabecera del director estadounidense.

Las imágenes mezclan tonos crudos con iluminación natural para mantenernos dentro de la historia como un espectador cercano a los hechos, pero también ofrece fotogramas épicos que nos llevan a un mundo onírico que concreta los rituales y creencias antiguas con una manera distinta de ver y entender el día a día.

Si bien la historia cumple con un arco argumental de viaje del héroe, el guion trata de profundizar más en la toma de decisiones de Amleth y como convive con su pasado y su futuro, sellando su destino al no poder soltar el pasado y convirtiendo el rencor en un motor de vida. 

Aunque parezca un tanto anticlimática, la narración avanza sin tomar mucho en cuenta los deseos de la audiencia, generando momentos que, si bien pudieron ser resueltos de otra manera, la perspectiva de Egeers es directa y no da rodeos, aunque sí busca alargar algunos momentos para continuar con la historia.

Para la tercera parte de la cinta, la historia se aleja aún más de las resoluciones melosas que hemos visto muchas veces en cintas de época, dejando un hueco entre lo que queremos que suceda y lo que en verdad pasa y proponiendo una lectura diferente ante las situaciones planteadas.

¿Rebuscado? Tal vez, pero la manera de abordar una historia lineal y tomarse de las ramas que salen del núcleo de la misma para desarrollar los desenlaces genera una forma envolvente de entender y ver este tipo de cintas, que en realidad no son complejas en el fondo, pero se ornamentan para no ser obvias.

Los diálogos son precisos y no rellenan momentos, dando aire a las imágenes que nos cuentan profecías, tradiciones, rituales, símbolos y señales que pueden ser interpretadas de muchas formas, pero que, si estás al tanto de la historia vikinga y las leyendas de su pueblo, podrás disfrutar mucho más.

La música acompaña cada plano con suspenso y lentitud, ofreciendo una mezcla de sonido profunda y obscura acorde a cada una de las escenas.

El problema de la cinta, por decirlo de alguna manera, es que difícilmente sea una cinta disfrutable por la mayoría. No es complaciente, exige atención, se toma su tiempo para generar las situaciones y no busca dar lecciones, algo muy alejado a lo que la mayor parte de las producciones que buscan ser taquilleras hace.

En lo personal, considero a The Northman como la película más accesible de Robbert Eggers, pero aun así dudo bastante que entre en el gusto de la mayoría del público y tal vez pase de largo o no dure mucho en las salas de cine.

Si te gustan las cintas épicas y tienes la paciencia de enfrentarte a una producción un tanto de autor, no puedes dejar pasar de largo esta cinta. Si conoces el trabajo del director, seguramente no te decepcionará, pero si lo tuyo son las cintas más digeribles, quizás quieras pasar de largo esta vez, aunque te estarás perdiendo de una de las producciones más impresionantes en lo que va del año.

Calificación: 9.2