Washington.- En una serie de entrevistas clave este domingo 4 de enero, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ofreció claridad sobre el papel que desempeñará la administración de Donald Trump en Venezuela tras la exitosa ejecución de la Operación «Resolución Absoluta».
Rubio precisó que, si bien el objetivo es influir en el rumbo del país sudamericano, Washington no busca un gobierno colonial, sino «gestionar la dirección» de la transición para proteger tanto los intereses del pueblo venezolano como la seguridad nacional estadounidense.
Presión petrolera: La herramienta de influencia
Ante los cuestionamientos sobre la soberanía de Venezuela, Rubio fue enfático en que Estados Unidos posee un margen de presión determinante: el bloqueo total a buques petroleros.
El jefe de la diplomacia advirtió que cualquier tanquero sancionado que intente entrar o salir de puertos venezolanos será interceptado.
Estas acciones se realizarán bajo órdenes judiciales obtenidas en cortes estadounidenses, una táctica que busca asfixiar el financiamiento del remanente del chavismo.
«Lo que estamos gestionando es la dirección que tomará esto en el futuro. Y para ello, tenemos influencia» aseguró a ABC News.
Un ultimátum para Delcy Rodríguez
El secretario de Estado se refirió directamente a la nueva presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien asumió el mando por orden del Tribunal Supremo de Justicia tras el arresto de Maduro. Rubio señaló que la relación con el nuevo gobierno dependerá exclusivamente de sus acciones inmediatas.
«Esperamos que el nuevo Gobierno tome un rumbo distinto al de Maduro. Hasta que Venezuela aborde los problemas que aún persisten, seguirá enfrentando presión por parte de EE. UU.», declaró a NBC News.
Estas declaraciones complementan los anuncios realizados por el presidente Donald Trump desde Mar-a-Lago, donde afirmó que su administración rescatará a Venezuela de ser un «país muerto» y la pondrá «con esteroides».
Trump ha adelantado que permitirá el regreso de petroleras estadounidenses para explotar las reservas de crudo, argumentando que el régimen socialista «robó» talento e infraestructura propiedad de Estados Unidos en décadas pasadas.







