El juego de la rebatinga está a todo lo que da en Morena. Reyes Hurtado, Luis Fernando Salazar han intensificado la presión hacia los comités estatal y nacional para colocar a sus incondicionales como candidatos a diputados locales. En mal momento, porque el partido y su candidato a gobernador, Armando Guadiana, están más preocupados por lograr la unidad luego del provocador divisionismo que provocó Ricardo Mejía con sus desbordadas ambiciones.
En la etapa en la que el movimiento necesita no solo de la unidad, sino de negociaciones y acuerdos, Reyes Hurtado sale en las redes sociales y lava los trapos sucios al público; desacredita la encuesta que ganó Guadiana y le advierte a sus dirigentes que ahora sí exigirá claridad en la selección de candidatos a curules.
Luis Fernando más maduro y a su estilo directo, también quiere posiciones para sus allegados; ambos no acaban de entender que las diputaciones deben ser para los morenistas de siempre, aquellos que, como Guadiana, apoyaron al presidente López Obrador desde que no era nadie, hace 15 años. Sin embargo, más Reyes que Luis Fernando, pretende que los arribistas obtengan las posiciones, en detrimento de las aspiraciones de Guadiana.
Se nota que en Morena los intereses particulares están por encima de los de ese partido político y al menos en Coahuila esa realidad solo abona a no tener posibilidades de ganar la elección de gobernador, ni la mayoría de las diputaciones locales.
Y mencionamos solo a ellos, pero en cada región, están los arribistas de Morena que le apuestan más a la división.
Con ese escenario sin rumbo las posibilidades de Morena y la marca López Obrador no tienen posibilidades de hacer un papel digno.






